domingo, 19 de febrero de 2017

A Ellas

No sé muy bien por dónde empezar pero a veces encuentras cosas por Twitter que te pellizcan por dentro y te hacen llorar de emoción, porque en esas palabras que acabas de leer encuentras la comprensión que no te han dado aquéllos de quien cabría esperar.
Pero eso queda muy genérico, así que iremos paso a paso.

Llevo escribiendo "historias" (relatos o libros o como quieras llamarlos) desde que tengo 8 años, desde que Disney me dejaba con ganas de más, o sobre la serie de Bella y Bestia (la de los 80) . Fui creciendo y las ganas de escribir fueron a más. Una historia de terror de 100 páginas donde la tomaba con mis compañeros de clase, y muchísimos de ésos que ahora llaman fanfics. Incluso cogí mis poemas y les puse unas anillas y les hice una portada. Escribía en este blog o en otros tantos que tuve, para contar mis historias y compartirlas con aquella gente que me daba feedback, que las leía y me pedía más, que me ayudaban a corregir y mejorar. Escribía también para desahogarme, y sigo haciéndolo, porque me sienta bien.

24 años escribiendo. Hace un par de años tomé la decisión de dar un paso más. Fui a clases y encontré las ganas de perfeccionar un relato que empecé en 2008, relato en el que plasmar la depresión de una [casi post]adolescente como tema principal. Lo que empezó siendo un relato fue alargándose con el tiempo hasta convertirse en novela. Mi proyecto era perfeccionarla y hacerla física, me conformo con verla así. Me sirve verla como la tengo ahora, impresa y encuadernada por una amiga, pero ¿y si a alguien más le gusta? O mejor, ¿y si ayuda a alguien como algunos libros me han ayudado a mí?

Dos años después, y gracias a esas clases y principalmente a autoras por las que va esta entrada, mi novela está acabada. Y me da igual si las editoriales la rechazan o directamente ni contesten, eso no me va a quitar las ganas de enviarla a todos sitios y llamar a todas las puertas. Y lo que es más importante, lo que he aprendido mientras la escribía; la de libros que he leído, que me han emocionado y que admiro profundamente. También he sabido con quien puedo contar a la hora de crítica constructiva y con quién no, personas muy cercanas en las que confié y con las que me equivoqué, porque sabían que esto era importante para mí y lo han dejado de lado.

Por esto estaba muy disgustada últimamente, cuando haces algo con todo tu afecto y pones todo de tu parte, la gente de tu alrededor parece alegrarse y querer ayudar, pero luego no lo hacen, así que me he quedado con pocas fuerzas, guardando los avances de la novela para mí, sin contar con nadie, tirando de manuales y aprendiendo de Ellas, esas autoras. Y Ellas mismas son las que hoy me han hecho llorar de emoción y las que me han recargado las pilas. 


Ellas que me han enseñado que los sueños se cumplen, que a veces la suerte, otras (muchas) veces el trabajar duro da sus frutos, Ellas que son ejemplo no solo literario sino también personal, luchadoras, valientes, innovadoras, divertidas, sarcásticas... Que me sacan una sonrisa con una línea de sus libros cuando mis ánimos no acompañan, que me dan fuerzas con tweets como hoy para levantarme y seguir, que escriben tan bonito que quitan el aire... Ellas (Melanie, Andrea, Clara, Alba, Paula, Iria...), con sus universos, sus preocupaciones, sus personajes, sus miedos, son el futuro, y tan solo espero que no cambien. Porque solo así puedo confiar en que el futuro no es tan malo como lo pintan.

viernes, 22 de abril de 2016

Partitura

Las paredes retumban con cada embestida para tirar la puerta abajo. El ruido de la guerra inunda el dormitorio cuando abro la ventana. Miro la puerta de nuevo, el escritorio que la bloquea no aguantará mucho más. Con la llama del candil prendo la esquina de la partitura, la única prueba que queda de nuestro amor. Contemplo cómo se convierten en cenizas un sinfín de corcheas y silencios, los "te amo" detrás de cada redonda, los "te sacaré de allí" y otras tantas promesas detrás de semicorcheas que, como las cenizas, vuelan ya sobre la ciudad. No tardarán en alcanzarme, saben la verdad, saben que te protegí y que preferí ser otra traidora en vez de quedarme al lado de padre. Voy a morir y dios sabe qué más me harán, pero no importa, porque sé que cuando suene la melodía, volveré junto a ti.


jueves, 25 de febrero de 2016

Quédate

Tuya, en tus brazos, en tus besos. Fuera de convencionalismos, fuera de estereotipos. Tuya desde el primer momento que entraste en mi vida, tuya desde que me convertiste en parte de tu mundo. Bajo el árbol, sobre el césped, en nuestro jardín. Tuya en el cobijo de tu regazo, tuya en las caricias del alba. Bajo las sábanas, sobre ti, en tus manos. Tuya a pesar de los juegos con otros, tuya aunque diga que soy de ellos. Tuya en el brillo de la mano, en la risa de la niña. Tuya al anochecer cuando el frío encoge, tuya al despertar cuando la alarma suena. Ese preciso momento en el que se mezcla el sabor de tus besos y lo agridulce del nuevo día, aún puedo oírte pedirme: quédate conmigo, no despiertes.

martes, 5 de enero de 2016

OK

"A mí no me muerdas que yo no te he hecho nada". Lo escribió deprisa, como reacción imparable a la respuesta airada de su mejor amiga, por la que estaba preocupada. Estaba enfadada, y ahora se lo había contagiado. En su empeño de averiguar qué había pasado o si podía hacer algo, recibió esa respuesta que tan mal le sentó. Mientras que cuando se cambiaban las tornas, su amiga insistía sin piedad hasta sacarle una sonrisa involuntaria. Era la tonta que siempre acababa cediendo. Borró el mensaje y respiró hondo. No perdería la paciencia porque sabía que no lo decía con esa intención.

"Me limitaré a ignorarte la próxima vez que te cabrees", tal cual lo escribió, lo leyó y le dio a suprimir. Demasiado radical. Y falso. No importaba qué pasara, ella seguiría ahí para ayudarla cuando lo necesitara, aunque sabía que nunca la necesitaría. Escribía el enfado, la impotencia, la rabia clavando cada tecla para aliviar en vano su inutilidad. Su amiga estaba enfadada, la pagaba con ella, no era la primera vez, ni sería la última. ¿Y qué? ¿Acaso ella no había hecho lo mismo en alguna ocasión, con otras compañeras? Se apaciguó contando hasta veinte esta vez.

Lo mejor era dejarlo, dejarla en paz que es realmente lo que su amiga quería, tragarse su molestia sin masticarla, esconderla dentro de su cuerpo en algún rincón olvidado, allí donde almacenaba las cosas que no tienen solución, a las que no se permitía el acceso nunca. El polvorín de su amiga, el que temía que explotara algún día. Por eso se preocupaba.

Le dieron ganas de escribirle un reproche, un "pues la próxima no esperes que yo te cuente nada", pero no era más que otra mentira, otra frase sin pensar, porque sabía que no sucedería, que acabaría cediendo como débil que es.

Así que optó por escribir algo escueto, un "ok" sencillo, algo que no dejara traspasar su malestar, algo que no siguiera alargando esa conversación inútil. Apagó para que no volviera. Esperó al amanecer, confiando en que quizá, algún día, aquella amistad se equilibrara de alguna forma.

martes, 29 de diciembre de 2015

El después de la segunda cita


–¡No le aguanto, es que no le aguanto! De todos los tíos que existen, yo que trabajo rodeada de tíos macizos, que no me quitan ojo de encima, que si quisiera podría irme con cualquiera, ¡me he tenido que ir a fijar en ese zopenco!

El portazo hizo retumbar las paredes del diminuto piso. Era difícil agotar la paciencia de Sharon, pero aquel hombre lo había conseguido. Lanzó el bolso y la cazadora de cuero contra el sofá que se balanceó débilmente. La sarta de improperios y maldiciones sonaban a mayor volumen con el eco del pasillo. En el dormitorio cambió la minifalda y una camiseta negra ajustada, por los pantalones anchos del chándal y un top deportivo. Necesitaba ir al gimnasio a darle al saco de boxeo.

–Quizá podría ponerle una fotografía al saco y así darle con más ganas.

Luego pensó que los ingresos del centro cívico no daban para un saco nuevo, y descartó la idea. Antes de salir vio su reflejo. El pelo alborotado, la respiración acelerada, y la vena de la frente palpitando. Le recordó a Anne cuando quiso matar a aquel muchacho pensando que era el asesino de sus padres. Tenía que relajarse, después de todo, era sólo un tío más. Además, con un título de lo más ridículo: The Hound.

–Con esa máscara igual de ridícula… Joder, ¿qué leches vi en él? Vale, está buenísimo, y es poli, lo cual ya le da cierto morbo. Y además le gusta el trabajo bien hecho. Y fue todo un amor en nuestra primera cita, tan tierno hablándome de sus padres. Y hoy… Hoy es un gilipollas, más pendiente de su móvil que de otra cosa, y siempre tengo que irle detrás. No sé si es que realmente no le intereso o es que pasa de todo en general. Al menos con el grupo trabaja bien, aunque su presentación… – Sharon no pudo reprimir una risita.

Se miró de nuevo en el espejo y se reprendió por la cara de tonta que tenía. Sacudió la cabeza como si con eso pudiera sacarse los buenos recuerdos. No eran muchos, pero ella se había hecho ilusiones. No es que estuviera colgada, pero hacía tiempo que no se sentía así. Y como siempre, el tío en cuestión era un sosaina. La resignación de rendirse no duró mucho. Cogió su bolsa de deporte con la ropa para cambiarse, y salió al gimnasio.

Se encontró mucho mejor cuando entró al edificio. Ralph, el conserje, le saludó con esa sonrisa poblada de arrugas que apenas se distinguía entre tanta barba canosa. Fue directa a la zona de boxeo. En el ring dos chavales que no reconoció danzaban en círculo sin tocarse. Desde fuera, Dan les marcaba los movimientos. Era un buen profesor, y sabía valorar un sitio como aquel. Cuando Sharon le sacó de la calle, era un muchacho sin futuro. Vivía de lo que robaba y sus padres, como los de la mayoría de los chicos que estaban allí, eran como si no existieran.

Dejó la bolsa en un rincón a pesar de haber taquillas. Pero todos la conocían, mucho se cuidarían de tocar sus cosas. Sacó un vendaje  y se lo colocó alrededor de la palma de la mano, cubriendo los nudillos y parte de los dedos. Se recogió el pelo en un moño como buenamente pudo, e inspeccionó el saco. Se colocó en la parte que menos dañada estaba, y atestó un puñetazo directo al centro, que se alzó hasta casi estar en horizontal. Tenía que controlar la fuerza, no estaba en una batalla, no estaba entrenando, para eso ya estaba la base de los Xtrange. Sopesó la posibilidad de acercarse allí y descargar toda la tensión en la Sala de Peligro, pero una voz familiar la distrajo de sus pensamientos.

–¿Te sujeto el saco?
–¿Qué haces tú aquí?

La sonrisa apareció en la cara de Sharon de oreja a oreja. Llevaba tanto sin ver a Johnny y sin poder hablar con él que ya se temía lo peor, pero como siempre, prefería centrarse en otros asuntos antes de ponerse paranoica. Fue todo un alivio verle de una pieza, aunque era extraño que hubiera acudido a aquel sitio al que le tenía tanta tirria.

–¿Dónde iba a encontrarte? Venga, dale, yo te lo aguanto. Pero tranquilita, ¿eh?
–¿Y tu móvil? –Sharon propinó un leve golpe que apenas hizo mover el saco.
–¿Tan floja estás? Te recordaba más fuerte – ahora el golpe fue más contundente –. Vale, veo que vuelves a ser tú.
– Me recordarías mejor si hubieras contestado a mis llamadas.

Otro golpe, pero éste le cogió preparado y puso toda su resistencia contra el saco. La sonrisa empezó a borrársele.
–He estado liado.
–¿Tan liado como para no responder al teléfono?

El siguiente golpe le hizo deslizarse hacia atrás unos centímetros.

–No te cabrees, ya sabes cómo funciona esto.
–Tú también, y sabes que me cabreo si me preocupo.

Otro golpe ya le hizo mover el pie contrario para frenarse. Enderezó el saco y levantó los brazos en rendición. Sharon bajó los brazos y esperó la explicación. En lugar de eso, su amigo le ofreció irse de cervezas para hacer las paces. Con esa mirada de niño bueno, no podía estar enfadada con él mucho tiempo.

–Está bien, pero invitas tú. –no le dio margen a discutir– No es negociable, no haber desaparecido. Espérame en el bar de enfrente.

Pasó por los vestuarios a cambiarse y luego a su despacho, un cuchitril poco más grande que un trastero, donde dejó la bolsa. Salió a la calle y no le vio en la acera de enfrente. Era muy propenso a desaparecer sin más, no le gustaban las despedidas. De pronto intuyó una presencia a sus espaldas, y agarró la muñeca antes de que la mano tocara el hombro.

–Si me la rompes, ya sabes que tendrás que ayudarme para todo lo que hago con la mano derecha.
–Cerdo imbécil, qué susto me has dado. –se volvió hacia él y se fijó en su otra mano– ¿Qué mierda estás fumando?
–Eh, tranquilita, es tabaco. Normal y corriente –la mirada de desconfianza seguía clavada en él– Vamos, Sharon, llevo limpio casi un año.
–Y más te vale que siga siendo así, porque si no, no tendrás manos con las que fumar, ni hacer otras cosas. Anda, tira.

El bar era una especie de taberna irlandesa, oscura, decorada en caoba y jade. El olor a whisky y cerveza derramadas tapaba cualquier otro olor. Sharon se disponía a sentarse en la barra, pero él le indicó una mesa apartada y sin gente alrededor. Se inquietó, aquello no era una visita de cortesía. Pidió dos pintas de cerveza y se sentó en aquel banco. El otro permanecía sereno, con los brazos por encima de la mesa, los dedos entrelazados y la mirada clavada más allá de sus manos. Cuando Sharon presionó levemente su mano sobre el puño, su acompañante levantó la mirada como si nada. Media sonrisa y se echó hacia atrás para que les sirvieran los vasos.

–¿En qué lío te has metido ahora?
–Eso te iba a preguntar yo.
–¿Perdona?

Johnny volvió a incorporarse sobre la mesa para que Sharon oyera mejor. Ésta hizo lo mismo.

–¿Qué mierda haces con Sandy?

Sharon se echó para atrás y se le borró la expresión de la cara. Dio un trago largo a su cerveza y miró alrededor.

–No la tengo. Aún.
–Ése es el problema. Se habla mucho de ti últimamente entre mis contactos, al parecer a The Hood no le gusta un pelo que vayas detrás de Sandy.
–¿The Hood? ¿Qué pinta ése con Sandy?
–¿Qué más da? Sharon, no es moco de pavo, ¡ese tío está loco!
–Aunque no lo parezca, Sandy estará más segura conmigo que por ahí. –dijo dando otro sorbo.
–Me da igual tu amiguita, joder ni que fuera Hulk, pero estamos hablando de ti, de tu vida. Si coges a Sandy este tipo no se va a quedar de brazos cruzados.
–No puedo dejar que Anne la encuentre. La matará.
–¿Y entonces te sacrificarás tú por ella cuando aparezca el zumbado de la capucha? Sharon, que te estás metiendo en un asunto muy chungo…
–¿Desde hace cuánto que nos conocemos?
–Bastante.
–Cinco años. Cinco malditos años en los que te he sacado las castañas del fuego, que casi te tengo que sacar tus problemas a puñetazos, que nunca me has pedido ayuda aún cuando estabas a punto de palmarla, que con el que más he peleado ha sido contigo para meterte en desintoxicación… ¿Cuántas veces me has convencido de cambiar de idea?
–Ninguna.
–Ahí tienes tu respuesta. Fin de la conversación.
–Está bien, pero prométeme que tendrás cuidado.

Sharon cogió el vaso y lo chocó contra el de su compañero. Como si nada hubiera sucedido, le preguntó a qué se debía esa manía contra el saco de boxeo. Sharon se lo resumió en “un tío” y el otro aprovechó para mofarse de ella, sin dejar de preguntarle sobre el tipo en cuestión. Sharon se desahogó contándole todo hasta que su móvil sonó. Le llamaban de la base. Cortó la  llamada y se excusó diciendo que tenía que ir a trabajar. Apuraron las cervezas de un trago, y Johnny dejó un billete que cubría el precio de las dos pintas más una generosa propina.

Al salir a la calle Johnny le sorprendió con un abrazo. Extrañada y preocupada, Sharon le examinó unos instantes, pero él le quitó importancia al asunto. El móvil de ella volvió a interrumpirles. De nuevo cortó la llamada y se excusó.

–¿Ahora quién es la impresentable?
–La próxima será mejor.
–Suena tentador. Ahora sí te cogeré el teléfono.
–Pero qué cerdo eres. Ya nos veremos.

Sharon apretó el paso mientras devolvía la llamada a la base. Debía de ser importante si tanto insistían. Johnny por su parte esperó a doblar la esquina para sacar su móvil y marcar un número.


–Está hecho, lo tiene en su bolsillo. Como no funcione, juro que te reviento, ¿me has entendido? Bien. Mantenme informado.