jueves, 13 de abril de 2017

Blanquita



No quiero decirte adiós porque aún no me hago a la idea de estar sin ti. Llevo tres días aferrada al peluche que me recuerda a ti, con una oreja levantada y los ojos bien abiertos. Que supiera que esto acabaría así no le quita dolor y sigo viéndote en cada esquina del barrio paseando erguida con el rabo en alto, en el salón observando qué hago y a dónde voy en cada momento, en la cocina esperando tu comida, en la habitación frotándote bajo mis piernas mientras intento vestirme. Pero ya no estás y duele. Ya no hay juegos mientras esperamos el ascensor. Ya no hay ruidos de pienso saliéndose del cuenco. Ya no oigo tu respiración al irme a dormir, mi peor pesadilla de los últimos meses hecha realidad.

Sé que tengo que dejarte marchar pero duele tantísimo que no sé cómo hacerlo. Desde verano hasta el mismo día 11 de abril has sido mi motor, mi motivo para levantarme de la cama, mi justificación para seguir luchando porque tenía que luchar por ti. Y me sigo preguntando si luché suficiente, si lo hice bien, si fue suficiente o tenía que haberme esforzado más. Hoy creo que tenía que haberlo hecho mejor y no sé si existirá el día en que me lo perdone.

Las pesadillas han cesado pero sigo soñando contigo, y te veo jugar y te veo corretear como hace tiempo que no te veía, y en mis sueños hay paz y me alegro de estar contigo. Pero despierto y el choque es demasiado brusco y quiero volver al sueño que es el único sitio donde puedo estar contigo de nuevo, disfrutando de tu alegría perdida, contagiándome de tus ánimos para explorar.

Pero no hay más paseos contigo, ni más mordiscos en mi oreja ni lametones en la cara, ni retozar en la cama un sábado por la mañana, ni hacerte de rabiar haciéndote cosquillas en la oreja. Han sido siete años que se me han pasado en un suspiro, no es justo que hayan pasado tan rápido. No es justo que haga buen tiempo desde que te fuiste y que no estés para tumbarte como te gustaba, a pleno sol en el jardín hasta que tu pelaje ardía. No es justo no tener ahora mismo tu hocico apoyado en mi muslo mientras escribo, mirándome como diciendo "deja de escribir que es la hora de bajar".

Jamás olvidaré tu mirada en ese último viaje en coche. La mayor parte del tiempo estuviste de pie, cosa que nunca habías hecho. Mirabas por la ventana como si quisieras retener los lugares por los que pasábamos. Como tampoco olvidaré cómo te brillaban los ojos de entusiasmo cuando al fin probaste eso que siempre te prohibí, el chocolate, cuyo olor te fascinaba de una manera descomunal. Intenté darte todos los caprichos que por salud te había negado, pero el tiempo apremiaba y no podía verte sufrir más.

Mi Blanquita, mi chiquilina, mi gorda, nadie sabe cómo te echo de menos y lo que va a costar que deje de dolerme tu ausencia.


domingo, 19 de febrero de 2017

A Ellas

No sé muy bien por dónde empezar pero a veces encuentras cosas por Twitter que te pellizcan por dentro y te hacen llorar de emoción, porque en esas palabras que acabas de leer encuentras la comprensión que no te han dado aquéllos de quien cabría esperar.
Pero eso queda muy genérico, así que iremos paso a paso.

Llevo escribiendo "historias" (relatos o libros o como quieras llamarlos) desde que tengo 8 años, desde que Disney me dejaba con ganas de más, o sobre la serie de Bella y Bestia (la de los 80) . Fui creciendo y las ganas de escribir fueron a más. Una historia de terror de 100 páginas donde la tomaba con mis compañeros de clase, y muchísimos de ésos que ahora llaman fanfics. Incluso cogí mis poemas y les puse unas anillas y les hice una portada. Escribía en este blog o en otros tantos que tuve, para contar mis historias y compartirlas con aquella gente que me daba feedback, que las leía y me pedía más, que me ayudaban a corregir y mejorar. Escribía también para desahogarme, y sigo haciéndolo, porque me sienta bien.

24 años escribiendo. Hace un par de años tomé la decisión de dar un paso más. Fui a clases y encontré las ganas de perfeccionar un relato que empecé en 2008, relato en el que plasmar la depresión de una [casi post]adolescente como tema principal. Lo que empezó siendo un relato fue alargándose con el tiempo hasta convertirse en novela. Mi proyecto era perfeccionarla y hacerla física, me conformo con verla así. Me sirve verla como la tengo ahora, impresa y encuadernada por una amiga, pero ¿y si a alguien más le gusta? O mejor, ¿y si ayuda a alguien como algunos libros me han ayudado a mí?

Dos años después, y gracias a esas clases y principalmente a autoras por las que va esta entrada, mi novela está acabada. Y me da igual si las editoriales la rechazan o directamente ni contesten, eso no me va a quitar las ganas de enviarla a todos sitios y llamar a todas las puertas. Y lo que es más importante, lo que he aprendido mientras la escribía; la de libros que he leído, que me han emocionado y que admiro profundamente. También he sabido con quien puedo contar a la hora de crítica constructiva y con quién no, personas muy cercanas en las que confié y con las que me equivoqué, porque sabían que esto era importante para mí y lo han dejado de lado.

Por esto estaba muy disgustada últimamente, cuando haces algo con todo tu afecto y pones todo de tu parte, la gente de tu alrededor parece alegrarse y querer ayudar, pero luego no lo hacen, así que me he quedado con pocas fuerzas, guardando los avances de la novela para mí, sin contar con nadie, tirando de manuales y aprendiendo de Ellas, esas autoras. Y Ellas mismas son las que hoy me han hecho llorar de emoción y las que me han recargado las pilas. 


Ellas que me han enseñado que los sueños se cumplen, que a veces la suerte, otras (muchas) veces el trabajar duro da sus frutos, Ellas que son ejemplo no solo literario sino también personal, luchadoras, valientes, innovadoras, divertidas, sarcásticas... Que me sacan una sonrisa con una línea de sus libros cuando mis ánimos no acompañan, que me dan fuerzas con tweets como hoy para levantarme y seguir, que escriben tan bonito que quitan el aire... Ellas (Melanie, Andrea, Clara, Alba, Paula, Iria...), con sus universos, sus preocupaciones, sus personajes, sus miedos, son el futuro, y tan solo espero que no cambien. Porque solo así puedo confiar en que el futuro no es tan malo como lo pintan.

viernes, 22 de abril de 2016

Partitura

Las paredes retumban con cada embestida para tirar la puerta abajo. El ruido de la guerra inunda el dormitorio cuando abro la ventana. Miro la puerta de nuevo, el escritorio que la bloquea no aguantará mucho más. Con la llama del candil prendo la esquina de la partitura, la única prueba que queda de nuestro amor. Contemplo cómo se convierten en cenizas un sinfín de corcheas y silencios, los "te amo" detrás de cada redonda, los "te sacaré de allí" y otras tantas promesas detrás de semicorcheas que, como las cenizas, vuelan ya sobre la ciudad. No tardarán en alcanzarme, saben la verdad, saben que te protegí y que preferí ser otra traidora en vez de quedarme al lado de padre. Voy a morir y dios sabe qué más me harán, pero no importa, porque sé que cuando suene la melodía, volveré junto a ti.


jueves, 25 de febrero de 2016

Quédate

Tuya, en tus brazos, en tus besos. Fuera de convencionalismos, fuera de estereotipos. Tuya desde el primer momento que entraste en mi vida, tuya desde que me convertiste en parte de tu mundo. Bajo el árbol, sobre el césped, en nuestro jardín. Tuya en el cobijo de tu regazo, tuya en las caricias del alba. Bajo las sábanas, sobre ti, en tus manos. Tuya a pesar de los juegos con otros, tuya aunque diga que soy de ellos. Tuya en el brillo de la mano, en la risa de la niña. Tuya al anochecer cuando el frío encoge, tuya al despertar cuando la alarma suena. Ese preciso momento en el que se mezcla el sabor de tus besos y lo agridulce del nuevo día, aún puedo oírte pedirme: quédate conmigo, no despiertes.

martes, 5 de enero de 2016

OK

"A mí no me muerdas que yo no te he hecho nada". Lo escribió deprisa, como reacción imparable a la respuesta airada de su mejor amiga, por la que estaba preocupada. Estaba enfadada, y ahora se lo había contagiado. En su empeño de averiguar qué había pasado o si podía hacer algo, recibió esa respuesta que tan mal le sentó. Mientras que cuando se cambiaban las tornas, su amiga insistía sin piedad hasta sacarle una sonrisa involuntaria. Era la tonta que siempre acababa cediendo. Borró el mensaje y respiró hondo. No perdería la paciencia porque sabía que no lo decía con esa intención.

"Me limitaré a ignorarte la próxima vez que te cabrees", tal cual lo escribió, lo leyó y le dio a suprimir. Demasiado radical. Y falso. No importaba qué pasara, ella seguiría ahí para ayudarla cuando lo necesitara, aunque sabía que nunca la necesitaría. Escribía el enfado, la impotencia, la rabia clavando cada tecla para aliviar en vano su inutilidad. Su amiga estaba enfadada, la pagaba con ella, no era la primera vez, ni sería la última. ¿Y qué? ¿Acaso ella no había hecho lo mismo en alguna ocasión, con otras compañeras? Se apaciguó contando hasta veinte esta vez.

Lo mejor era dejarlo, dejarla en paz que es realmente lo que su amiga quería, tragarse su molestia sin masticarla, esconderla dentro de su cuerpo en algún rincón olvidado, allí donde almacenaba las cosas que no tienen solución, a las que no se permitía el acceso nunca. El polvorín de su amiga, el que temía que explotara algún día. Por eso se preocupaba.

Le dieron ganas de escribirle un reproche, un "pues la próxima no esperes que yo te cuente nada", pero no era más que otra mentira, otra frase sin pensar, porque sabía que no sucedería, que acabaría cediendo como débil que es.

Así que optó por escribir algo escueto, un "ok" sencillo, algo que no dejara traspasar su malestar, algo que no siguiera alargando esa conversación inútil. Apagó para que no volviera. Esperó al amanecer, confiando en que quizá, algún día, aquella amistad se equilibrara de alguna forma.