miércoles, 30 de septiembre de 2009

Hoy te escribo...

... porque te has vuelto a enfadar
... porque te has vuelto a comportar como una cría
... porque los malos siempre son los otros
... porque tus problemas son más importantes que los de nadie
... porque tus cortes son más dolorosos que los de nadie
... porque siempre eres la víctima
... porque crees ser la mejor en lo que haces
... porque crees ser la mejor madre en el mundo
... porque crees que lo sabes todo
... porque piensas que eres la única con problemas
... porque piensas que la letra, con sangre entra
... porque siempre estás pensando en ti
... porque por encima de todo para ti está el dinero
... porque ninguneas incluso a tus propias hijas
... porque ahora estás recibiendo todo lo que has dado
... porque estoy harta de gritos, peleas y reproches
... porque nunca has estado ahí cuando te he necesitado
... porque no voy a estar ahí cuando lo necesites
... porque es demasiado tarde para arreglar las cosas
... porque nunca es suficiente lo que hago para ti
... porque siempre sacas lo peor de mí
... porque ahora soy más fuerte que tú
... porque me he cansado de sentirme culpable contigo
... porque no voy a dejar que acabes conmigo.


"... and still I can't press play, or find the words when there is nothing left to say..."

"... Well I know I have my weaknessess, as you point them out to me, but our confont the spots of doubt as they arise. Never born to be a leader, but I'll take my role with pride cos a soldier with his honours lies inside..."

"... because I feel nothing but hate for you, and I wish nothing but the worst for you, well I hope you fail everything, I hope you cry all the time, and I wish you luck the worst of it, and if you came on your knees back to me, I'll smile, I'll turn, I'll walk away, away, away..."

"... I had no room for the feelings that you showed towards me. I think that they were misguided anyway..."

Let It Rain.... plus Parte VIII



Y sigue lloviendo, menuda ha caído hace un par de horas. Cualquiera tenía ganas de levantarse de la cama, con lo a gusto que se está, con la manta, oyendo la lluvia en el tejado... Ganas de ir a trabajar: 0. Pero si hay algo que me ha impulsado a levantarme esta mañana es que ya tengo mis billetes para Madrid para el finde del 11 ^^ ¡10 días quedan! ¡Qué ganas tengo!
Y ayer por la tarde mis jefes ya dieron sus datos para que nos envíen a mi esclava digooooo a mi sustituta xD xD La pobre, no sabe dónde se mete... Pero en fin, ellos tenían razón, hacer las prácticas de Secretariado sabiendo 100% seguro que luego te van a contratar, es todo un chollo teniendo en cuenta cómo está el panorama. Tan sólo espero que no se agobie. ¿Y lo majos que están mis jefes últimamente desde que les dije que me iba? Alucino...
Y otro fragmento más del relato, aún sin nombre (se admiten sugerencias). Ahora va la descripción de Monique, la bruja, la zorra, la mala de la peli. Personalmente pienso que estos párrafos con taaaaaaaaanta descripción de personaje son un muermo, y las púas de intriga no termina de encajar demasiado bien... Para mí lo bueno empieza cuando llega Bree al hospital (que eso es la entrada de mañana). De momento, esto:



Con Monique fue otro cantar, y aún hoy lo sigue siendo. Monique es algo peculiar, pues es una chica que sabe cómo su belleza llama la atención y cómo utilizarlo a su favor. Tiene un humor de lo más cambiante, ya que por la mañana estás hablando con ella, y ella participa en la conversación, la anima, y te escucha con todos los sentidos cuando hablas. Pero lo mismo horas más tarde, de pronto y sin justificación aparente, se muestra distante, fría e incluso antipática. En cualquiera de los dos casos, ese semblante indiferente permanece, y es imposible saber qué es lo que pasa por su mente. La verdad es que después de tantos años conociéndola, aún no puedo decir cómo es realmente. Sin embargo, y si de algo estoy segura acerca de Monique, es que detrás de esa fachada de chica dura y segura de sí misma, tiene un pequeño corazón, a pesar de que la experiencia ha hecho que Bree piense que ni siquiera posee alma. Porque otro rasgo que hemos descubierto todos es lo inteligente y astuta que es para transgiversar las cosas, se podría decir que es bastante maquiavélica cuando se lo propone. Y vengativa. Lo sé de buena tinta, fui su principal enemigo durante algunos años. De ahí que para Bree, Monique pasara a ser su hermana “adoptiva” a no soportar estar en la misma habitación que ella. De esto sí me arrepiento, a pesar de todo el daño que me causó Monique, he de reconocer que de no ser por mí, la amistad entre ellas dos no se hubiera disuelto.
Nadie hubiera adivinado que la relación de los cuatro con Monique acabaría como lo hizo, si nos hubieran visto al principio, en aquella primera semana, donde todo eran risas, largos paseos por la ciudad, bromas, conversaciones sobre cualquier tema, y noches en vela inolvidables. Yo los veía desde fuera al principio, y los admiraba anhelando tener una amistad como la que ellos cuatro tenían. No se separaban nunca, e iban y venían siempre juntos. Si alguno quería ir al centro o al cine, el resto no tardaba nada en ponerse en marcha. En ese primer momento no hubo ni una sola vez que los viera discutir, tenían las típicas discusiones tontas que no duran más de una hora, pero jamás habían reñido de una manera grave.
Hasta que yo me uní a ellos tres días después de su llegada. O más bien, fueron ellos los que provocaron mi entrada al grupo, aunque en esa decisión Monique no estuvo muy de acuerdo, consideraba que yo era demasiado niña para ir con ellos. Y yo pensaba igual pero me encantaba estar con Alan y Chris, y por supuesto con Bree, pero sobre todo con los dos primeros. No sabría cómo explicarlo, supongo que me encariñé de ellos enseguida, me acostumbré a verlos cada día, a convivir con ellos como si fueran de la familia. Y Alan la verdad es que era como un hermano para mí, siempre estaba pendiente de mí, más que nadie, siempre que me veía mal, me preguntaba y me animaba con cualquier tontería. Era un encanto.
Y con Chris al principio fue más lento, los dos primeros días mantenía una relación cordial por decirlo así, porque él siempre acompañaba a Alan y Alan continuamente venía a mí para integrarme en el grupo, por lo cual, pasábamos mucho tiempo juntos sin proponérnoslo. Pero después ya se acostumbró y conversaba más conmigo, entablando una amistad que ni pizca de gracia le hizo a Monique, ya que, según me reveló Alan, Chris era el amor platónico de Monique, aunque al parecer no quedaba muy claro si Monique lo había hablado ya con Chris y él la había rechazado, o bien Monique no se había atrevido a confesarle sus sentimientos. En todo caso, se disgustaba viéndome al lado de Chris. Y no digamos cuando Alan Y Chris quisieron quedarse el resto del mes para disfrutar de lo que les quedaba de vacaciones. A partir de entonces las cosas empezaron a torcerse.

martes, 29 de septiembre de 2009

I pray that something picks me up and sets me down in your warm arms

I find the map and draw a straight line
Over rivers, farms, and state lines
The distance from 'A' to where you'd be
It's only finger-lengths that I see
I touch the place where I'd find your face
My finger in creases of distant dark places

I hang my coat up in the first bar
There is no peace that I've found so far
The laughter penetrates my silence
As drunken men find flaws in science
Their words mostly noises
Ghosts with just voices
Your words in my memory
Are like music to me

I'm miles from where you are,
I lay down on the cold ground
I, I pray that something picks me up
And sets me down in your warm arms

After I have travelled so far
We'd set the fire to the third bar
We'd share each other like an island
Until exhausted, close our eyelids
And dreaming, pick up from
The last place we left off
Your soft skin is weeping
A joy you can't keep in

I'm miles from where you are,
I lay down on the cold ground
And I, I pray that something picks me up
and sets me down in your warm arms
I'm miles from where you are,
I lay down on the cold ground
and I, I pray that something picks me up
and sets me down in your warm arms

Set The Fire To The Third Bar
Snow Patrol


http://www.youtube.com/watch?v=oPG4WHhJk3A

Un día menos en el calendario+Parte VII

Si supieras cómo te añoro,
cómo añoro cada parte de ti
que te hacen ser tú.
Cómo extraño tus caricias, tus besos,
el roce de tu piel al dormir,
tus abrazos, tus palabras,
poder acariciarte mientras sonríes,
el cálido tacto de tu mano en un paseo,
tu olor mientras me aferro a ti en el metro,
los pasos que anuncian tu llegada.
A veces no veo el fin de esta larga espera
y me abrazo a tu ausencia en forma de peluche,
desesperada por que la mañana llegue,
por que haya un día más que tachar en el calendario,
un día menos sin estar a tu lado.







Me giré sobre el colchón dándoles la espalda, supuse que ellos entenderían que no quería hablar del asunto. No me encontraba con demasiadas fuerzas, me sentía muy débil. Mi padre, ante mi negativa, prefirió salir de la habitación junto con mi madre, no si antes decirme que habían telefoneado a Bree, y ella, al saber la noticia, les anunció que cogería el primer vuelo y que llegaría mañana a primera hora. Si no podía enfrentarme a mis padres, ¿cómo iba a poder hacerlo con mi hermana? Seguramente ella, al oír la noticia, sabría por qué, pero no sería suficiente. Si de algo se caracteriza Bree es de luchar hasta conseguir lo que se propone, no importaba si se trataba de alcanzar una meta, ganar un premio o convencer y cambiar el punto de vista de una persona, siempre conseguía lo que se proponía, excepto una cosa. No consiguió evitarme el dolor. Ella me avisó, me predijo que la peor parada iba a ser yo, pero no hice caso, no quería hacerle caso, y ella no me dio explicaciones exactas y concretas pero me lo dejó entrever miles de veces, y yo, tonta de mí, nunca comprendí del todo a qué se refería con eso de “esto acabará muy mal”. No tenía ganas de que volviese con un “te lo dije” y que de nuevo me soltara el sermón sobre la diferencia entre cosas posibles e imposibles. Así ella lo había señalado desde el primer momento que lo supo, “imposible, una historia que no lleva a ningún sitio”. Y tenía razón, pero no lo entendí en aquel momento.

No obstante, de haberlo entendido, de haber sabido la verdad que todo el mundo me ocultó, no creo que hubiera cambiado nada. Bueno, sólo una cosa: jamás me hubiera separado ni un sólo instante de él. Las cosas funcionan así, siempre las personas dicen: Si lo hubiera sabido..., si pudiera echar marcha atrás... Pero desgraciadamente (o afortunadamente), el manejo del tiempo no está en nuestras manos. Y si no nos gusta el final de algo, no podemos cambiarlo. Pero podemos aprender de él. En mi caso aprendí que no importa el miedo, las opiniones del resto, la distancia, o las circunstancias cuando encuentras a una persona que en cuestión de días pone tu mundo del revés y cambia tu realidad, cambia tu mundo y te cambia a ti mismo, y te vuelves tan adicto a esa persona que no puedes olvidarle porque sólo eres feliz con esa persona. Nunca se sabe cuándo puede acabarse todo, no sabemos qué puede ocurrir el día de mañana, por eso no hay que dejar pasar las oportunidades. Ojalá se me hubiera ocurrido seguir ese consejo antes.

Entonces no le hubiera dejado marchar. Ellos tres sólo venían para estar una semana en casa y sabíamos que antes o después llegaría el momento de la despedida. Cuando le comentaba a Alan lo mucho que les iba a echar en falta, él me abrazaba tiernamente y me decía que cuando quisiera yo podía ir a visitarle, que siempre habría sitio en su casa para mí. Y lo mismo me ocurría con Monique y Chris. En sólo una semana me había convertido en una más de ellos, por extraño que parezca. He de reconocer que Bree tenía razón, eran como ella, abiertos de mente, sin prejuicios ni nada por el estilo. Con Alan congenié desde el primer día, nos complementábamos a la perfección siendo tan opuestos el uno del otro. Era alocado, inquieto, inmaduro para la edad que tenía, pero tenía un inmenso corazón, y aunque a veces le podía su mal genio, no era nada rencoroso.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Parte VI

Balance del día: la lluvia me ha solucionado el día que había empezado tan mal, con mareos al borde del desmayo (una GRAN y repentina falta de hierro es lo que tiene), la contabilidad de todo el trimestre esperándome en el despacho, y sola ante el peligro en la oficina.
La tarde ha empezado oscura, negra como el tizón, mi jefe que me dice que cerramos ya (y sólo son las 6 y media!), y mientras me lleva a casa (en coche!) me dice que seguramente ya tengan a alguien a quien empezar a amaestrar (esta misma semana!). Llego a casa, con el sms de Rome: "tengo algo que contarte". La despedida de soltera ya está en marcha! Noviembre en Londres, el año que viene en Zaragoza, vuelvo atrás en el tiempo, pero mejor!!!




Después de saltar del acantilado, no sé qué ocurrió. Lejanamente recuerdo que caí al agua, pero no sabía si estaba fría, si floté o me hundí. En un principio supuse que lo segundo, porque después de notar el contacto con el agua, lo siguiente que recuerdo es una oscuridad inmensa a mi alrededor, y de pronto, una luz cegadora. Hasta que mis ojos se acostumbraron a aquella luminosidad, cundió el pánico. No sabía donde estaba, no sabía si estaba aún en el agua, o si estaba flotando sobre el mar y aquella luz era el faro de la costa o un barco. Me tapé los ojos con las manos y me percaté de que no estaba en el agua. Tenía algo ligero sobre mí. Entonces aparté las manos y empecé a apreciar el contorno de la centelleante luz, proveniente de una ventana, y de los objetos que me rodeaban: una mesita, una lámpara sobre mi cabeza, y un sillón junto a la cama donde me encontraba. Cuando vi el color verde pastel de las paredes, supe definitivamente donde estaba. No estaba en el cielo. Estaba en un hospital.

Me incorporé al mismo tiempo que alguien irrumpió en la habitación tarareando algo. En un primer momento pareció no reparar en mí y fue directamente al gotero, sin dejar de observar unos papeles. Cuando levantó la vista del portafolios, se sorprendió de verme. Luego descubrí que en verdad se sorprendió de encontrarme despierta. Llevaba durmiendo tres días. Era la típica enfermera con años de experiencia a sus espaldas, así que me habló como si por esos papeles me conociera desde que nací. Me dijo que jamás había visto a una persona dormir tanto, sin ayuda de sedantes, y que incluso el médico de planta había considerado la posibilidad de un coma poco frecuente.

Y mientras me contaba la vida y milagros de todas las personas que había visto dormir, con o sin sedantes, yo me sentía peor por momentos. Era como si las paredes se moviesen y la habitación se encogiese sobre sí misma. Me sentía enjaulada, comenzaba a tener claustrofobia en aquella cama, y con aquella desconocida yendo de un lado para otro, hablando sobre gente que no conocía. Comencé a retorcer la sábana con una mano, y la enfermera se percató de ello. Me miró con lástima y comprobó de nuevo el gotero. Con un tono un poco más serio me comentó que no era la primera chica suicida que veía. La frialdad e indeferencia con la que dijo esa palabra me produjo un escalofrío.

Luego desapareció de la habitación, y decidí tumbarme de nuevo, la cabeza me iba a explotar. Entonces entraron mis padres. Mi madre que tenía los ojos enrojecidos, en cuanto me vio, se puso en silencio a llorar de nuevo, sin soltarse del brazo de mi padre, quien me miraba con una mezcla entre desaprobación y preocupación. Yo los miré esperando que dijeran algo, pero durante unos minutos el único sonido de aquella habitación eran los sollozos de mi madre. Entonces mi padre me preguntó con un hilo de voz por qué. No podía esperar que lo entendieran, no sabían ni siquiera cómo y en qué momento empezó todo. Para ellos siempre había sido la niña buena, responsable y aplicada en todo: en los estudios, en casa, con los amigos, en la vida en general. No sabían nada. Así que pude imaginar el desconcierto que rondaría por sus cabezas. Pero no podía contarles todo en ese momento, era demasiado largo de contar, muchas explicaciones que dar, era justo la conversación que había estado intentando evitar desde que cambió mi vida, desde que Chris apareció en ella.

¿Yo, desordenada? Qué va + Parte V

Estresada, nerviosa, ansiosa, apenada, culpable... Desórdenes emocionales, del amor al odio en una milésima de segundo. Tengo que ordenar mis pensamientos antes de que me desborden. Y cuando lo haga, habrá nueva entrada en el blog. ¿Por qué cuando me pasan cosas me ocurren todas a la vez, y luego me muero del aburrimiento porque no pasa nada???

...Time to end this night, time to make things right...
Mind Reading (demo), John Garrison





Ese día Bree me arrastró con ellos a todos los sitios que fueron. Los tres amigos querían visitar la ciudad, cosa que no vi nada interesante básicamente porque mi ciudad no es interesante. Es una ciudad pequeña, donde acabas conociendo a todo el mundo a lo largo de los años, no tiene grandes atracciones turísticas, está siempre en obras y es monótona, gris y aburrida. Aún así, les acompañé, Bree me había suplicado que fuera con ellos para conocerlos mejor porque sabía que haríamos buenas migas, igual que nosotras. Pero yo me mantenía escéptica. Las dos congeniábamos, pero no todo era por la manera de ser, pensaba que en parte estábamos tan unidas por el mero hecho de tener un vínculo de sangre, cosa que no sucedía con Alan y el resto. Así que fui aún a sabiendas de que me sentiría fuera de lugar, era demasiado pequeña para ir con ellos, la diferencia de edad era más que evidente.

Y me equivoqué. Aquel fue uno de los días más divertidos y agradables de mi vida, jamás pensé que me lo hubiera pasado tan bien sin salir de la ciudad. Incluso la ciudad me empezaba a gustar más. Veía a Alan sorprendido con cualquier cosa que hasta entonces para mí era insignificante, como los edificios, la gente, las tiendas... Hablaba de ellos como si no hubieran en otro lugar o nunca antes los hubiera visto. Me causó tanta curiosidad su reacción, que no cesé de preguntarle en qué se diferenciaban de su país. De ese modo, viendo mi ciudad a través de los ojos de Alan, cambió radicalmente la opinión que tenía sobre ella.

Aquella tarde no me despegué de él, mientras Bree y Monique hablaban casi en un susurro, yo no podía parar de reírme con los comentarios de Alan, era como un niño pequeño. Y en medio, Chris, que tanto se unía a una conversación como a otra. Mientras paseábamos iba de un lado a otro, con una sonrisa diferente a la de esa misma mañana. Mientras que la de entonces era amplia y dejaba ver sus perfectos dientes blancos, esta era una simple línea curvada, una sonrisa de comodidad se podría decir, parecía alegrarse de estar de vacaciones con sus amigos. Pero no pronunció ni una palabra, cosa que me extrañó pues no respondía a los piques que le lanzaba Alan de vez en cuando. Otro rasgo que descubrí aquella tarde es que en ocasiones como aquella en la que se sentía tan feliz y complacido, cuando alguien hablaba, le miraba fijamente a los ojos, atentamente como si no quisiera perderse ni un solo detalle de lo que se mencionaba. Era una mirada no tan intensa como la de Alan, pero bastante aproximada.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Parte V

Cacharreando estoy con el p##o escáner de los c#####s que escanea cuando le da la gana, e imprime cuando le sale del USB ¬¬ Vaya m####a de multifunción, la antigua era mejor, ¿por qué la daría? Ah, sí, porque tengo Windows Vista ¬¬ ¬¬









No podría decir en qué momento exacto pasó, ni cómo sucedió, pero yo juraría que fue mientras caía. Se dice que cuando estás a punto de morir pasa por delante de ti toda tu vida. En mi caso, los recuerdos que conservaba junto a él. Los recordé con una intensidad que nunca antes había experimentado. Sólo fueron unos segundos, pero fue como en esos sueños donde ocurren un montón de situaciones y cuando miras el reloj, tan sólo han transcurrido cinco minutos. Reviví cada momento compartido con él, sobre todo aquel primer día.


Confieso que, a pesar de la diferencia de edad entre Bree y yo, a pesar de que desde los dieciocho ella no paraba por casa, y a pesar de que cada una tenía sus amigos y por decirlo de alguna manera, vidas muy distintas, siempre he estado estrechamente vinculada a ella. Ocurrió sin más, de la noche a la mañana, inexplicablemente, puesto que en mi familia eran bien conocidas y recordadas las continuas disputas que teníamos siendo aún muy niñas. Pero supongo que fue el cambio a la adolescencia por mi parte, la edad del pavo que le llaman, y ella a la mayoría de edad, lo que nos cambió, y nos hizo ser más racionales, hasta el punto en que se convirtió en una hermana de verdad, una amiga en quien confiar, alguien con quien poder contar en cualquier momento y para cualquier asunto.


Cuando salía de viaje, bien por su trabajo, bien por placer, siempre me llamaba a mí antes que a nadie, incluso antes que a mi madre, sabiendo lo histérica que se ponía cuando Bree empezó a estar más tiempo fuera de casa que dentro. No importaba dónde estuviera, ni la hora, yo podía llamarla para lo que necesitase, que ella siempre contestaba. Incluso a lo largo del tiempo me di cuenta de que las aventuras que disfrutaba en sus viajes, a cada cual más excitante y sorprendente por cierto, no se las contaba al resto de la familia del mismo modo que me las relataba a mí. Lo compartíamos todo sólo entre nosotras dos.


Por eso no me extrañó cuando aquel día, mientras sus amigos deshacían las maletas en el dormitorio, me preguntara con ferviente hervor mi opinión acerca de ellos. Pero estaba demasiado distraída intentando olvidar aquellos ojos aguamarina y esa sonrisa inolvidable para coger de nuevo el hilo de la lectura, así que le respondí con un simple “Parecen simpáticos.”. Ella abrió los ojos como platos y se quedó inmóvil durante unos instantes, mirándome perpleja. Luego me cogió de los hombros y me sacudió. “¿Eso es lo único que tienes que decirme?” preguntó con fingida sorpresa, “¿Acaso no has visto los guapos que son Alan y Chris?”. Odiaba que me conociera tan bien. Yo le respondí afirmativamente con la cabeza para que me soltara. Jamás la había visto tan exaltada y alegre. Me gustó esa parte de su personalidad, desconocida hasta el momento, era divertida, un golpe de gracia dentro de la seriedad con la que se solía comportar.

martes, 22 de septiembre de 2009

Parte IV

Tras dos días para serenarme, no se me va de la cabeza lo que "descubrí" el domingo pasado. ¿Cómo te sentirías si el primer perro al que llamar "mío", un perro "cobardica" pero alegre y activo, se hubiera escapado como cada noche tras alguna perra, pero aquella vez no hubiera vuelto? ¿Qué pensarías si quien lo cuidaba te aseguraba que lo había acogido otra familia para criar cachorros? ¿Qué harías si 10 años después descubres que no tuvo un final tan feliz, si no que murió por un malnacido que le golpeó la cabeza una y otra vez, simplemente porque había seguido a su perra, y que luego además este ASESINO tuvo la sangre fría de decírselo a quien lo cuidaba?


Creo que eso explica mi humor de estos últimos días. Como me dijo el Mago Oskuro: "los crímenes prescriben para la Ley, no para el corazón".












¿De dónde sacaba Bree unos amigos tan guapos? La verdad es que todo lo que la rodeaba era un halo de misterio. Hablaba de todo, y sobre todo conmigo, pero nunca profundizaba cuando el tema de conversación se basaba en su vida fuera de aquella casa. Cuando volvía de algún viaje, era raro que en las fotos apareciese alguien. Alan salía de soslayo en algunas, como por casualidad. Y ella nos relataba con todo lujo de detalles todo lo que había visitado en tal o cual país, o de lo que le había pasado de camino, pero no solía hablar de la gente que la acompañaba, como si estuviera prohibido contar sus historias bajo copyright o algo así. Pero en la familia nadie decía nada, más bien, era normal en ella, siempre había sido así y ya está. Por eso lo sorprendente fue cuando Bree, mi hermana mayor, un día mientras estábamos comiendo, preguntó a mis padres si habría algún inconveniente en que tres amigos suyos pasaran una semana en nuestra casa. Tras un primer momento de desconcierto general del que Bree no se percató, o al menos no pareció importarle, mis padres aceptaron.



Las cosas hubieran sido muy distintas de no haber aceptado. Posiblemente no me encontraría allí, al borde del precipicio, con tanto dolor dentro de mí que no podía continuar en pie. Me senté y apreté las rodillas fuertemente contra mí, apoyando mi cabeza en ellas. No podía dejar de llorar, cada imagen suya en mi mente me hería en lo más profundo. No le volvería a ver nunca más, no volvería a ver esa preciosa sonrisa nunca más. Por un momento intenté imaginar el futuro si decidía no saltar. Pero no podía, no me salía. Entre sollozos mantuve la respiración con dificultad, miré al horizonte y me incorporé de nuevo. De pronto me percaté de que estaba lloviendo a cántaros, y ya no sabía si tenía la cara empapada por la lluvia o por las lágrimas. Y no lo pensé más. Salté.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Parte III del relato

Demasiado indignada, cabreada, furiosa y rabiosa como para escribir algo que no sea ASESINO, sin mencionar las palabras malsonantes que rondan por mi cabeza.



También era un día nublado, supongo que sería marzo. Estaba inmersa en la lectura de las leyendas cuando oí abrirse la puerta. Recostada en el sofá, observé por encima del libro que Bree llegaba acompañada de tres amigos, dos chicos y una chica. Les indicó dónde podían dejar las maletas y entró al salón donde yo me encontraba. Me saludó y comenzó a presentarme a sus acompañantes. Junto a ella estaba la chica, que respondía al nombre de Monique, supuse que tenía familia francesa. La verdad es que más que su nombre me llamó la atención su belleza, parecía recién sacada de la portada de Vogue. Era alta, de un metro setenta quizá, esbelta, con la piel pálida. Su rostro parecía el de una muñequita de porcelana, con unas pocas pecas que le daban un aire infantil e inocente, y el pelo lacio de color cobrizo cayéndole por detrás de las orejas, a excepción de algunos mechones que se le escapaban. Sus ojos, de un verde intenso, enmarcados por eyeliner negro que los acentuaba aún más. Me sentí encoger cuando me saludó, yo era el jorobado de Nôtre-Damme a su lado.

Preguntándole algo con insistencia estaba Alan. Lo reconocí por las fotos que Bree tenía en su cuarto, de los muchos viajes que había hecho junto a él, la verdad es que Alan siempre había estado presente en mi vida, pero sólo por las fotos. Aquella era la primera vez que venía a nuestra ciudad y no era Bree la que se desplazaba para visitarle. Alan debía de tener un año menos que ella, es decir, en aquel tiempo, rondaría los 22. El pelo castaño, peinado hacia arriba, brillaba muchísimo a causa de la gomina, tanto como sus ojos verde grisáceos, jamás había visto unos ojos de ese color, eran hipnotizantes. Tal y como se apreciaba en las numerosas fotografías, era corpulento, y alto, imponía lo grande que era. Cuando se quitó la chaqueta de cuero, en su camiseta azul se le marcaba cada músculo, y me pregunté si era de la clase de engreído adicto al gimnasio. Pero su cara era la del típico payaso que no para de hacer muecas y chistes. Cuando se reía, en sus mejillas le salían unos hoyuelos que le hacían la cara adorable, como la de un niño pequeño y travieso. Cuando me miró me sentí apabullada, tenía una mirada tan intensa que era difícil mantenerla. Y antes de sonrojarme hasta las orejas, fijé la vista en Bree. Estaba de espaldas, diciéndole al otro chico que no se preocupara por la maleta.

El chico se incorporó y con una sonrisilla se apartó el flequillo dorado, dejando al descubierto unos preciosos ojos aguamarina. Era igual de alto que Alan, pero por el contrario era delgado y de facciones suaves. Su piel no era tan pálida como la de la chica, pero se notaba el contraste permaneciendo junto a Bree, que gozaba de un espectacular bronceado a causa de su último viaje a las Bahamas. Ésta, a su vez, no paraba de chinchar a Alan, quien le tomaba el pelo sin cesar. El muchacho rubio les miraba divertido. Entonces me miró. Sólo fue un segundo, pero me pareció mucho más. Sus ojos del color del mar permanecieron unos minutos más clavados en mi mente, incluso después de que los apartara. El muchacho carraspeó en dirección a Bree, que seguía inmersa en su discusión con Alan. Me volvió a mirar, y yo le miré sonriendo con cara resignada. Entonces él se acercó y me dio la mano con delicadeza. Se presentó como Chris. Y sonrió. Jamás había visto una sonrisa tan sincera y preciosa.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Relato sin título parte II

But it is time, for real now. Don’t you try, don’t try to stop me
I made my decision now. It’s done, there’s nothing you can do about it
Because I, I leave on Friday, don’t you try, try running after me
I’m gone, and until next time….
I Leave On Friday (Departures)
John Garrison

Ya está decidido. Me voy. Ayer hablé con mis jefes y aceptaron mi oferta: ellos me dan el paro siempre que tengan tiempo suficiente para encontrar alguien para mi puesto. Por supuesto, puse un límite: me voy como muy tarde en Diciembre. Son tres años trabajando con ellos y ya conozco su dejadez en algunos sentidos. De hecho, estoy considerando seriamente el ponerme yo a buscar a alguien. Any volunteer?
En cuanto al primer fragmento de relato que puse ayer, lamento si causó enigmas sin resolver, pero es lo que tiene, me gustan las historias que no tienen un hilo continuo, y me encantan los flashbacks. Y sigo pensando que hay que corregir cosas, como por ejemplo: "el sonido de la tierra crujiendo con mis botas." ¿"Con"? ¿Por qué no "bajo", no sonaría mejor? Poner "bajo" es lo típico, y el "con" implica que las botas también crujen. Supongo que cuando lo escribí quería decir "con" por ese ruido que hacen las botas cuando pisas suelo con gravilla y barro, ahora ya no me acuerdo. Y sigo pensando que se me fue la olla cosa mala con lo del agua xD
Además, el principio de la descripción del entierro no está muy allá, sigo sin saber cómo describir esa sensación estilo algo fantasmagórico, estás presente pero sin hacer nada, como cuando viene el Fantasma de las Navidades Pasadas en la película "Los fantasmas atacan al jefe" para llevarse a Bill Murray y él es presente de las escenas pero no puede actuar en ellas. Quería describir lo mismo con la diferencia que esta chica tampoco oye nada, sólo el vacío.
En fin... Tras este free-talk, copio y pego los siguientes fragmentos. Hope you enjoy ;)
Pensé qué depararía la otra vida. Si seguiría viviendo, o morirse era simplemente morir. Me pregunté si como en las películas la otra vida sería un mundo idéntico al de los vivos pero poblado por difuntos. En tal caso, me alivió de cierta manera la posibilidad de encontrarme con los seres queridos que había perdido durante mi vida. Pensé en la gente que dejaría atrás. Me pregunté cómo reaccionarían, quiénes llorarían, quiénes acudirían a mi funeral. Recordé las caras que nunca volvería a ver. Ahora me arrepentía de no haberme despedido. Pero en tal caso, no me hubieran dejado seguir adelante. Era mejor así, que el último recuerdo que tuvieran de mí fuera la última vez que estuve junto a ellos, no una nota desesperada y deprimente. Pasaría el tiempo, seguirían con sus vidas, como suelen hacerlo todos. Menos yo. Dicen que el tiempo lo cura todo, y yo confiaba en ello, me aferré a esa frase durante meses, intentando convencerme de que la tristeza y el dolor pasarían, que volvería a sonreír, retomaría mi vida donde la había dejado antes de embarcarme en aquellos viajes. Sería como si nunca hubiese pasado, como si no hubiera ido en su búsqueda. Me habría recuperado del duro golpe, y habría tenido un futuro, un futuro sin él.

Pero no. Le busqué, recorrí miles de millas tan sólo con la esperanza de encontrarle y con unos pocos datos que conseguí averiguar gracias a mis torpes dotes de detective. Y le encontré, justo cuando empezaba a pensar que no existía. Mas lo que vi no me lo esperaba. Tenía tantas explicaciones posibles a lo acontecido hacía unos meses, había imaginado de todo, menos lo que hallé. Entonces supe toda la verdad que me habían estado ocultando, y también supe que no había un futuro si él no estaba. Fue en ese momento cuando la mitad en mí se puso alerta, era esa parte de mí que luchaba por seguir adelante y salir a la superficie, quería sobrellevar el asunto, superarlo, pero la otra parte se hacía más fuerte con cada día que pasaba sin él, y eclipsaba mi razonamiento, mi manera de actuar y de pensar, bloqueaba todo mi ser impidiéndome salir de aquella situación. Y finalmente esa parte había salido triunfadora, y me encontraba al borde del precipicio dispuesta a coronarla como tal.

Miré una vez más hacia abajo, acostumbrándome a aquella altura, aunque no sentía vértigo ni nada parecido. El viento seguía soplando en contra mía, como si quisiera apartarme de aquel lugar. Era un viento helado, que hacía mover las nubes a una velocidad increíble. Supuse que llovería, de hecho juraría que ya habían caído las primeras gotas. No había ni rastro del sol, el cielo estaba totalmente encapotado por nubes en distintas tonalidades de gris. Pensé en lo dramático y teatral de la escena, yo allí arriba, al borde del abismo, con una tormenta amenazando sobre mi cabeza, y el mar salvaje y enfurecido bramando por debajo de mí. Lo imaginaba en mi mente como aquel esbozo que había en un libro de leyendas escritas por un poeta famoso. Entonces, otro recuerdo. Entre las lágrimas esbocé media sonrisa irónica. Era el libro que estaba leyendo la primera vez que le vi.

martes, 15 de septiembre de 2009

Relato sin título (aún)

Ya séeeeeeee que el dentista ha tardado más de medio siglo en dejarme en paz, pero es lo que tiene, empiezas por una caries y acaban liándote con que si limpiezas, que si blanqueamientos, que si puentes, que si implantes, bla, bla, bla xD Nah, en realidad y básicamente es que no encuentro ni inspiración ni tiempo y para qué engañarnos, ni ganas, lo mío no es la multitarea en Internet.

Sin embargo, hay algo que ha vuelto porque sí, sn más, no sé, será que estoy leyendo libros nuevos, será que se avecina un nuevo cambio, o simplemente que estoy más deprimida y por eso vuelve la inspiración.

Me he propuesto algo, bueno, en realidad dos cosas (los tratos conmigo misma NUNCA implican que los vaya a cumplir sí o sí). Uno es retomar los blogs, tanto este, el spanish, como el inglés que tengo en MySpace (MySpace... *sigh*). Dos es, aprovechando la vuelta de mi inspiración, terminar, o al menos avanzar, porque aún queda para terminarlo, el último relato que llevo escribiendo hace... Ni me acuerdo, sinceramente.

Algunos quizás lo recordéis, otros os suene lejanamente (porque no os dio la gana leerlo en su momento xD), y otros ni me lo habréis oído mencionar. Como siempre que comparto mis relatos, no suelen ser definitivos, siempre hay algo que mejorar, y releyendo este, hay mucho que mejorar y corregir.... Entre otras cosas, y por petición popular en su día, tengo que meter más diálogo.

Esto es tan sólo el principio, aún quedan unos cuantos (muchos) párrafos más, escritos y por escribir. Puede resultar confuso en algunos momentos, pero todas las incógnitas se van despejando a lo largo del relato. Lo siento si aburre ;)




Inspiré hondo antes de mirar al vacío. Estaba dispuesta a acabar con todo, no podía asustarme mirar simplemente la altura. ¿O quizá sí? Tan sólo sé que conforme mis pasos se acercaban al límite, mi corazón palpitaba más deprisa, a un ritmo frenético que me ponía aún más nerviosa. Lo oía golpear dentro de mi oído como si de un martillo se tratase. Hasta que una ola irrumpió con violencia contra una roca, a unos cuantos metros por debajo de mis pies, produciendo un ruido ensordecedor que me hizo cerrar los ojos estremeciéndome. Y luego otra más, con más fuerza si cabía. Me estaba acercando e incluso podía asegurar que minúsculas gotas me estaban salpicando, aunque la parte racional de mi cerebro me decía que era técnicamente imposible. El oleaje no podía llegar a tal altura, por muy embravecido que estuviera el mar.

Pero, ¿cómo podía pararme a preguntarme ahora a partir de qué altura y a qué velocidad debía de ir el agua para salpicarme? Meneé la cabeza y la curiosidad desapareció. Sin pensarlo, miré hacia abajo, y como si acabase de abrir una ventana a mis pies, una corriente de aire me dio de pleno. Como unos doce metros más abajo, el oleaje se rompía bruscamente contra la roca grisácea. Por mucho que saltara, no llegaría al agua. La playa había desaparecido a lo largo de los años y tan sólo quedaban los pedruscos, enormes, puntiagudos, afilados, amenazantes. Iba a doler.

Dolor. No podía ser tan doloroso como este último año. Mi mente bloqueaba cualquier cosa que pudiera hacerme recordar cómo empezó todo, hacía ya... ¿Doce años? ¿Trece? ¿Tan deprisa pasaba el tiempo? No podía ser. Hice el cálculo de cabeza. Sí, hacía trece años que había empezado todo. Y doce años más tarde, todo había acabado. Hoy hacía un año que había acabado, al menos para mí. Para el resto del mundo mi vida acabaría hoy. Pero yo ya llevaba muerta un año. Entonces el vacío que se extendía frente a mí, se tornó de un verde brillante y resplandeciente, contrastando con un orificio negro en medio, y una gran caja de madera que descendía poco a poco por ese hueco. Ya no oía las olas, ni sentía el viento, me había transportado a otro lugar, pero ajena al mismo. Estaba rodeada de gente, pero no oía nada. Era como ver una película y ser partícipe al mismo tiempo. Pero yo no podía apartar la vista de cómo aquella madera brillante se iba confundiendo lentamente con la oscuridad del agujero. Entonces todo empezó a nublarse, y el hoyo, y la verdor, y las personas que me rodeaban se convirtieron en meras manchas borrosas y difuminadas como un cuadro al que le acaban de lanzar disolvente.

Cerré los ojos con fuerza y me enjugué las lágrimas. Cuando los volví a abrir, volvía a estar en el acantilado. Sabía que no acababa de tener una alucinación. Acababa de pasar lo que no quería que pasara: recordar. Sentía tanta rabia... Rabia por el dolor, rabia por cómo había sucedido todo, rabia por no poder soportarlo más y rendirme. Lo había intentado con todas mis fuerzas, pero desde aquel maldito día, mis fuerzas habían disminuido, e iban desapareciendo conforme iban transcurriendo los meses, hasta que comprendí y acepté que ya no quedaba nada por lo que luchar. Así que cogí el coche esa misma mañana y llegué hasta la costa. No recordaba cómo había llegado, no recordaba haber conducido por una carretera. Mis recuerdos simplemente saltaban de una imagen a otra, me veía coger las llaves del coche, y lo siguiente, el sonido de la tierra crujiendo con mis botas.