jueves, 8 de octubre de 2009

Entrada inexistente por causas ajenas+Parte XII

Al final lo que tenía que ver para escribir al mediodía se atrasó hasta las 11 de la noche, y a la 1 de la madrugada recibo la confirmación de que aún no se puede puesto que no estoy en Inglaterra, ni Canadá ni Norteamércia. Grrrr......... No es justo. Creo que nunca entenderé cómo funcionan ciertas cosas en el mundo de la música. De todas maneras, "It will be up on YouTube etc in the next few days" ha dicho. Al menos no se queda observando en las sombras cómo nos desesperamos las fans de habla no inglesa, y nos avisa. O será que le j##e no ver su propio videoclip, jur, jur.....

Pues naaaaaaaada, de vuelta al rincón de la espera....... A este paso me muerdo ya hasta los nudillos...



Antes de lo esperado me dieron el alta, sin darme la oportunidad de despedirme de aquel suplicio de enfermera a la que al final le había cogido cierto afecto. Mis padres querían venir a recogerme, pero Bree insistió en ocuparse ella de mí. “Ya lo hablamos y estabais de acuerdo”, dijo a mis padres en voz baja mientras yo me cambiaba de ropa en el aseo de la habitación. ¿Hablar? ¿De qué habían hablado? ¿Y qué tenía que ver lo que habían hablado con el simple hecho de quién tuviera que llevarme a casa? Había algo que yo no sabía, y si estaba relacionado conmigo, yo tendría que ser la primera en saberlo, ¿no? Así que con los vaqueros por debajo del camisón salí del aseo y lo pregunté sin más dilaciones. Bree miró a mis padres, mis padres miraron a Bree y yo en medio, con los brazos cruzados esperando una respuesta.

Mis padres se miraron entre sí dubitativos, y luego miraron a Bree quien les observaba del mismo modo que yo, esperando que dijeran algo. Yo empecé a preocuparme. Comprobando que ellos no iban a decir nada, Bree resopló y me miró. Me dijo que no íbamos a casa. Se me puso el pelo de punta. ¿No serían capaces de internarme en un psiquiátrico? Reconocía mi problema, sabía lo grave de la situación, pero ingresarme en un manicomio no creía que me ayudara mucho. Esperé impaciente a que Bree terminara de hablar. Tras una pausa de unos segundos que a mí me parecieron eternos, Bree añadió que nos marchábamos las dos, ella y yo, fuera de la ciudad una temporada. ¿Las dos? ¿Adónde? ¿Y mis padres? ¿Estaban de acuerdo en eso? Hubo algo que no terminaba de encajar. Entonces un deja-vu que me pinchó como una espina en la columna. De nuevo me estaban ocultando algo que me afectaba. ¿Acaso era un complot para mantenerme entre algodones el resto de mi vida? Pues menuda manera de hacerlo, pensé para mis adentros en ese momento, por culpa de engañarme y ocultarme asuntos que me atañían, casi tengo una vida más corta de lo normal. Sin vacilar, pregunté qué pasaba, y exigí que me contaran la verdad.

El plan alternativo a mi ingreso en un hospital mental era alejarme de mi hábitat natural para hacerme recapacitar de que no estaba bien el camino que había escogido y que debía de borrar cuanto antes aquellos pensamientos negativos que no me ayudaban en absoluto. Mientras me soltaba un sermón sobre cómo me ayudaría un cambio de aires yo intentaba imaginarme en qué momento de la vida oculta de Bree, ésta se habría sacado el título de Psicología.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Parte XI

Ho hay tiempo para mucho más, pero habrá nueva entrada al mediodía ;)


Y así lo hizo. Apenas me dejaba sola un instante, si no venía él por casa, me llamaba para que fuera a la suya, aunque esa idea no me agradaba demasiado pues tras la tercera visita notaba las furtivas miradas de Monique. Y con Chris no valían excusas, así que la mayoría de veces era él quien venía. A veces salíamos a pasear, otras veces nos quedábamos en casa, otras nos íbamos al cine con el resto. Y cada mañana me acompañaba de casa al instituto para asegurarse que asistía a clase, mientras que por el camino hablábamos de mil cosas. Me encantaban aquellos paseos tan temprano. La verdad es que si no hubiera sido por él, no sé qué hubiera pasado. No todo fue fácil pero él siempre estuvo ahí, y gracias a ello y al paso del tiempo, poco a poco fui aceptando la muerte de Sheryl.

Así que en el supuesto que Bree me planteaba, estaba claro que a Chris no le haría ni pizca de gracia. Y me sentí culpable por ello. Pero esto era tan diferente a la pérdida de Sheryl. Los dos eran personas muy importantes en mi vida pero lo sentía de manera distinta, tal y como le expliqué a Bree ese mismo día en el hospital. Ella, en tono comprensivo, me dijo que era común puesto que, a pesar de haber compartido toda la infancia junto a Sheryl, con Chris había crecido y había madurado, y había vivido infinidad de cosas que sólo se viven una vez en la vida, y por eso lo sentía más profundamente.

lunes, 5 de octubre de 2009

Parte X

Lunes, de vuelta al infierno. Buff....



Mi madre alzó la vista y apenas la oí decir que había llamado la madre de Sheryl. De vuelta de la fiesta un coche que iba a demasiada velocidad se saltó un semáforo y chocó contra el coche en el que iba Sheryl de vuelta a casa. Me bloqueé. No podía estar sucediendo aquello, no podía ser cierto lo que acababa de oír, la había entendido mal debido a lo bajo que hablaba. Intentaba pedirle a mi madre que repitiera lo que acababa de decir pero las palabras no me salían. Era como si me hubiera quedado sin voz. Me volví para mirar a Bree, pero tenía la cara empapada en lágrimas que me confirmaban lo que no quería saber. Entonces tuve que sentarme antes de desvanecerme.

No me hacía a la idea de estar sin Sheryl. La misma noche de lo ocurrido incluso llamé a su casa como solía hacer cada noche antes de irme a dormir. Y la esperé al día siguiente antes de entrar al instituto. Y así hasta que mi mente se fue haciendo a la idea de que no iba a volver. Entonces me encerré en mí misma. No iba al instituto y me internaba en mi casa, en mi dormitorio. A Bree y al resto cuando estaban por casa y me preguntaban, les decía que las clases se habían acabado, o bien que había huelga, o bien que el profesor estaba enfermo. Al principio parecían creer mis mentiras, luego ya empezaron a dudar. Mis padres no sabían nada ya que los dos nunca estaban por las mañanas en casa. Y Bree no les contaba nada, y cuando empezó a sospechar de que no iba al instituto, tampoco dijo nada. Supongo que en cierta manera pensaba que necesitaba algo de tiempo para hacerme a la idea. Alan hizo lo mismo, y Monique estaba demasiado absorta en su noviazgo con Chris como para advertir qué me sucedía.

Pero Chris puso el grito en el cielo cuando le preguntó a Bree por qué no iba al instituto. Tuvo una discusión con ella mientras yo los oía desde mi cuarto. Entonces escuché los pasos acelerados de Chris acercándose cada vez más. Nunca lo había visto tan enfadado como aquel día. Entró como una furia en el dormitorio y yo me acurruqué como pude en el rincón de mi cama, preparada para el chaparrón. En tono severo repitió lo que Bree le había contado. Me preguntó si era cierto. No podía mentirle, no me salía, así que sin responderle agaché la cabeza mientras jugueteaba con un hilo de la colcha. Abrió la boca dispuesto a decirme algo pero se calló. Se puso la mano en la boca con gesto pensativo. Luego se sentó en el borde la cama y me preguntó si yo pensaba dejarlo todo porque Sheryl se había ido. Tan sólo escuchar su nombre hacía brotar lágrimas en mis ojos. Él puso su mano sobre la mía que aún sujetaba el hilo enroscándolo en el dedo. Con voz suave me dijo que no tenía que comportarme así, que yo debía de vivir todo lo que le había quedado por vivir a Sheryl. Y tenía razón, pero me sentía tan sola sin ella... Entonces Chris me dijo que a partir de aquel momento comenzaríamos un nuevo propósito como si se tratase de año nuevo, y con su ayuda conseguiría seguir adelante, pues si había algo que molestase a Chris según me confesó ese mismo día, eran las personas que se rendían y dejaban su vida al azar. Él era una de esas personas que no se rendían ante las dificultades, y que su máxima en la vida era vivirla plenamente pues sólo tenía una. Y quería mostrarme que estaba en lo cierto ayudándome a superar la pérdida de Sheryl.

Y así lo hizo. Apenas me dejaba sola un instante, si no venía él por casa, me llamaba para que fuera a la suya, aunque esa idea no me agradaba demasiado pues tras la tercera visita notaba las furtivas miradas de Monique. Y con Chris no valían excusas, así que la mayoría de veces era él quien venía. A veces salíamos a pasear, otras veces nos quedábamos en casa, otras nos íbamos al cine con el resto. Y cada mañana me acompañaba de casa al instituto para asegurarse que asistía a clase, mientras que por el camino hablábamos de mil cosas. Me encantaban aquellos paseos tan temprano. La verdad es que si no hubiera sido por él, no sé qué hubiera pasado. No todo fue fácil pero él siempre estuvo ahí, y gracias a ello y al paso del tiempo, poco a poco fui aceptando la muerte de Sheryl.

jueves, 1 de octubre de 2009

Parte IX

Tal y como esperaba, Bree apareció por el hospital nada más abrirse el horario de visitas. Cuando entró a la habitación, me lanzó una mirada de reproche, pero en sus ojos vi el miedo que había pasado. Luego su mirada se posó sobre mi madre, que leía una revista en el sillón. Se había pasado toda la noche en la habitación conmigo, no quería dejarme sola ni un sólo instante. Yo no tuve más remedio que resignarme y acostumbrarme a estar siempre con alguien en la habitación. Mi padre se turnaba con mi madre excepto cuando venía la enfermera a hacerme la típica revisión. En la última me dijo que el doctor no tardaría en darme el alta, pero que lo peor para mí comenzaría ahora. Y a continuación, para variar me soltó la historia de una chica que había padecido anorexia, que le dieron el alta, que volvió a la semana, bla, bla, bla... Ella vio mi cara de aburrimiento, la de siempre que me contaba este tipo de chismes, y entonces me dijo que al menos no tenía que estar soportando la vigilancia de mi madre. Y le sonreí, porque estaba en lo cierto, al menos no tenía que aguantar ese silencio incómodo que sufría cuando alguno de mis padres hacía el “turno de guardia”.

Mi madre se alzó del sillón, abrazó a Bree y salió del cuarto. Bree se quedó parada en mitad de la estancia, con los brazos cruzados por delante y contemplando la habitación. Hasta que me volvió a mirar. Yo no pude sostenerle la mirada, y bajé los ojos avergonzada. Entonces ella tomó aire, se sentó en el cabezal de la cama, y me abrazó por los hombros. Con un hilo de voz me preguntó si era esto lo que él hubiera querido, qué hubiera dicho si lo supiera. Y no pude responderle, pero pensé en ello. Seguramente se hubiera puesto hecho una furia. Como cada vez que me deprimía por cualquier tontería. Recordaba la época de exámenes, donde yo quería dejarlo todo, pero él estuvo ahí, tan firme como si se tratase de mi padre, obligándome a ver que las cosas dependen del ángulo de cómo las mires, te pueden gustar o las puedes odiar, todo depende de nosotros mismos y de cómo queramos verlas.

Y lo mismo cuando ocurrió aquel accidente. Sucedió poco después de encontrarles un piso de alquiler no muy lejos del nuestro, a principios de Abril. Un viernes llegué a la plaza del instituto y me extrañé de no encontrarme allí con mi mejor amiga, Sheryl. Solíamos quedar en ese lugar cada día, antes de clase para ir juntas, como siempre hacíamos desde que nos conocimos, en primaria. Pero aquel día no apareció. Una vez en clase y al no verla, recordé que me había contado que la habían invitado a una fiesta de cumpleaños la tarde anterior. Quizá la fiesta se había atrasado y si había llegado tarde a casa, se habría quedado dormida, como le solía pasar con frecuencia. El día transcurrió como otro cualquiera, hasta que llegué a casa. Allí estaban mi madre, Bree y Alan, esperándome, sentados en el sofá. Sus rostros permanecían graves. Me atreví a preguntar qué sucedía, y miré a Bree, que estaba de espaldas en el sillón. Luego miré a mi madre, a quien le temblaba las manos. No era buena señal. Miré a Alan por último suplicando con la mirada una explicación. Fue la única vez en que fue él quien apartó la mirada. Repetí la pregunta, y Bree se levantó y me abrazó por detrás.