sábado, 12 de marzo de 2011

Backie

Cuando pensaba que ya no volvería a pisar este blog, por falta de ganas más que de otra cosa, me da el venazo de nuevo, pero ni yo misma sé hasta cuándo me durará el delirio, seguramente lo que dure el encierro al que me someten, pero no vaticinemos cosas tan pronto.

Puestos a volver, nuevo cambio al aspecto del blog, aprovechando las nuevas opciones que tiene. Muchas fotos para poner de fondo, muchas fuentes para los textos, muchos colorines donde elegir... ¿Desde cuándo Blogspot se ha convertido en MySpace? Bueno, Google asumió mando y control de YouTube, así que ahora ya me puedo esperar de todo en los trejemanejes cibernéticos.

Cambio de foto de fondo, hay muchas que me gustan (como la de gotas de lluvia, conciertos, otoñales...), y otras que veo muy propias de amigos y/o familiares (flores, campos XP, códigos binarios, golosinas...). Sin embargo, en la categoría de viajes echo en falta algo que debería estar: una tabla de esas que hay en los aeropuertos que te indican número de vuelo, destino/procedencia, hora estimada, puerta, etc. Tras mucho buscar en Google he dado con la que he puesto, tiene la marca de agua pero apenas se aprecia. Cerca he estado de poner una pared de un aeropuerto oriental, translúcida en tono azul, donde se leía en letras grandes "Departures" y con un avioncito despegando, pintado al final de la palabra. Lástima que fuera una imagen tan pequeña.

Luego unos cuantos retoques de color, tamaño, disposición y fuente para que se entienda mejor (el violeta no puede faltar, obvio), et voilà! Nuevo aspecto ya cambiado. (Pero como siempre, admito sugerencias).
Excepto en la foto, que lo suyo me ha costado encontrarla.

Y lo que me hincho yo a pisar aeropuertos, y que tenga una o dos fotos de estas tablas y las dos sean pésimas.... Hay que ver.... En fin, a ver si para la próxima me acuerdo.

Releyendo la última entrada (del 08/10/09, casi ná) y echando la vista hacia atrás, hay que ver cuántas cosas han pasado y han cambiado, para bien en su mayoría, para mal algunas pocas. Pero la vida es cambio, hay que cambiar, no creo en el renovarse o morir, pero hay cambios ajenos a nuestra voluntad y que nos toca aceptarlos sin más, y a aprender con ellos. Hay cambios que se pueden cambiar, pero otros, inevitables e imparables, hay que apechugar con ellos y tirar para delante. Tirar pa'lante como los de Alicante, como dicen en mi tierra (al igual que se dice fixo en lugar de celo, companaje en lugar de embutido, lejas en lugar de baldas, y los niños que no saben decir zapato dicen... otra palabra parecida).

Para que luego digan que no hay diversidad lingüística en España. Total, de Alicante a Madrid tampoco hay tanto y cada vez me doy más cuenta de los cambios en el vocabulario, en las formas al hablar, al construir las frases, al poner entonación... Y en la manera de comportarse, de ir por la vida, de mantener o no las apariencias, de ir con prisas o no. Todo el mundo me decía que estaba loca, que cómo dejaba el sol, la playa, la calma por el bullicio, por el ir y venir de gente que no se para ante nada, por la contaminación (¡Ja! Quien diga eso, no ha bebido el agua de Alicante, no ha visto el mar desde el cielo, ni ha olido la ciudad en plena noche de verano), y tantas tantas tantísimas pegas que le ve todo el mundo a Madrid.

Pues a mí me gusta, ¿y qué?

Me gusta no ser nadie en mitad de una calle, me gusta ser yo misma sin importarle un comino al que tengo sentado al lado, me gusta ir en el autobús sin preocuparme si el imbécil con el que he discutido me lo voy a cruzar, me gusta ir canturreando por las calles de buena mañana y que no me mire nadie como un bicho raro, me gusta ver amanecer desde el cercanías y que los leones de Atocha sigan ahí cada lunes, me encaaaaaaaaaanta ver las torres de Chamartín a lo lejos cuando vuelvo de viaje porque eso significa que vuelvo a casa, a MI casa, el que he sentido como mi hogar desde hace tanto tiempo que no lo recuerdo.

Dos años llevo ya aquí (... and the feeling is the same..., como dice la canción). Cada lunes cuando salgo de Atocha y subo por el Paseo del Prado me quedo mirando todo como cuando venía de vacaciones, observando con curiosidad, lamentando no llevar la cámara de fotos y aunque la llevara, no podría porque llego tarde al trabajo. La gente que sube, inmersa en sus cosas, con sus cascos, su periódico, su blackberry, la mochila para la comida, el maletín para los documentos, la bici para moverse más rápido... Y pienso en la historia que hay detrás de cada uno de ellos mientras mi paso, en Alicante demasiado rápido y enérgico, se acompasa al ritmo de los madrileños.

Y es que no se puede andar deprisa en una ciudad donde nadie lo hace. Pero por fin me siento en el sitio donde debo de estar, el sitio donde encajo, donde cada día puede ser distinto si me lo propongo, donde me siento feliz la mayor parte del tiempo, y cuando no estoy así, siento como antaño el cobijo que me ofrecen sus callejuelas, sus árboles, y la imaginación que hace nacer el comienzo de un relato cuando menos se espera. Si tuviera tiempo de poder escribirlos todos ellos, podría llenar libretas como hace unos años. Pero en lugar de eso, prefiero vivir el momento junto a quien amo, disfrutarlo, degustar mis sueños más antiguos que por fin son una realidad.