martes, 27 de enero de 2015

Redes (anti)sociales

Hoy era el día. Testigo como había sido estos últimos meses, esperaba la confabulación del destino, como el espectador que mantiene la esperanza de que habrá un final feliz en la película. Hoy los astros parecían sonreírles, y yo no podía esperar a volver a verles, a los protagonistas de una historia digna de telenovela. Quizás estudiaban en el mismo instituto, quizá sólo se conocían del metro. Siempre sentados en el mismo vagón, siempre las miradas de ella en él, y él, ajeno a lo que le rodeaba, ajeno a aquella muchacha que le miraba de forma especial, que se ruborizaba cuando él entraba al metro y tan parada que el paso del tiempo le había dado la valentía justa y necesaria para tan sólo sentarse más cerca.

Desde el primer momento que me percaté de lo que sucedía, ella jamás le había hablado ni una sola vez. Siempre a distancia, siempre observando. Era triste ver que él nunca lo llegaría a saber.

Pero hoy era distinto. En casa comprobé la noticia antes de salir, ya era viral como todo escándalo que hay en la red: Facebook e Instagram habían caído. Imaginaba gente echándose las manos a la cabeza, agonizando porque hoy había un amanecer precioso que no iban a poder congelar y olvidar en una foto, gente que sentiría la soledad cuando no pudieran ver lo que publicaban sus mil amigos. Pero yo estaba ansioso como quien espera el capítulo 9 de Juego de Tronos.  No podía esperar a ver el desenlace de su historia, deseaba que por fin aquel chico levantara su mirada de aquel aparato, el único que le separaba de aquella muchacha.

Cuando llegué a la estación allí estaba ella, y por su sonrisa, brillante, optimista, sabía que había pensado igual que yo. No quería perderme detalle así que me senté justo delante del asiento que solía ocupar él. Un par de estaciones y entraba en escena el otro protagonista. Para mi sorpresa, y decepción de la pobre chica, el chaval seguía inmerso en su móvil como cualquier otro día. No había cambiado nada. ¿Por qué?

Miré por encima su móvil. Maldición, era de Twitter. La próxima vez tendría que hackear todas las redes y así no fallaría. ¡Qué difícil es ser Cupido en estos tiempos!