miércoles, 22 de mayo de 2013

APAGÓN



Ya está, tras tanto tiempo mareando la perdiz, por fin he mandado el relato al concurso que organiza Renfe, y este año tras preguntar a los amigos y compañeros por votación (más que nada porque yo no me decido entre todos los que tengo y siempre viene bien puntos de vista diferentes y críticas constructivas), he presentado el siguiente:



APAGÓN

Cercanías dirección Chamartín. Me siento donde sea. Veo las mismas caras de siempre. Empiezo a leer un periódico gratuito que alguien abandonó. El tren se introduce en la negrura de los túneles. “Próxima parada: Recole…”. El tren pierde velocidad, las luces parpadean. El vagón queda a oscuras. Oigo murmullos, quejas, gente moviéndose. Unos zapatos ligeros andando. Unos labios húmedos uniéndose a los míos en un beso breve pero pasional. Los zapatos de tacón se alejan. La luz vuelve. Retomamos el trayecto mientras observo al resto de pasajeros. Sonrío y busco en vano.



viernes, 10 de mayo de 2013

10/05/2010 London y Blanca


Ya hace 3 años. El tiempo va demasiado deprisa. Lo vengo notando desde los 18. En cuanto nos descuidemos seremos unos "viejos, solos y amargados frente a un televisor" como dice la canción.

Tal día como hoy, hace tres años, firmamos un papel que nos comprometía más que cualquier otra cosa. Mucha gente no entiende del afecto que profesamos algunas personas por nuestros animales de compañía. Si eres de esos, que abandone la sala o calle para siempre. Porque hoy hace 3 años adoptamos a nuestros peluchones, y hoy la entrada va a ellos. Por ellos, por la protectora que nos los cuidó hasta que nuestros caminos se cruzaron, por todas las protectoras que conocemos y por la gran labor que hacen.

Cuando conocí a mi pareja y empezamos a hacer planes, lo primero en lo que estuvimos de acuerdo es que tan pronto tuviéramos nuestra propia casa, tendríamos un perro. Al principio me mostré reticente, me había criado con perros toda la vida, pero todos se van antes o después, y llegó un momento en que no quería saber nada de perros. Pero mi pareja es persistente, y al final me convenció cuando llegó el momento. Yo sólo puse una condición, tenían que ser adoptados en Asoka El Grande.




Asoka es una protectora de Alicante que lleva unos cuantos años no sólo recogiendo animales de cunetas, campos y perreras, sino que también organiza entretenidos eventos y rastros solidarios para recaudar dinero, e incluso hacen terapia de mayores con perros. Conocí el albergue por dos amigas que eran voluntarias allí, y en alguna ocasión tuve la oportunidad de ir a echarles una mano y ver cómo es y funciona aquello desde dentro. Me quedé impresionada con las ganas que le echan las voluntarias y los voluntarios.

Así que en cuanto nos dieron las llaves del piso, aprovechamos la mudanza de Alicante a Madrid del resto de mis cosas (mis discos y la cama, principalmente) para lo que en un principio iba a ser echar un vistazo. Con anterioridad habíamos estado viendo la web y los perros que tenían en adopción. Buscábamos uno que no fuera muy grande, más bien mediano dado que el piso no superaba los 60 metros. Mi novio se fijó en un mestizo blanco y marrón, pero yo llevaba ya una temporada siguiendo los avances de un perro llamado Rob que me enamoró nada más verlo en la web.

Una vez allí nos dijeron que Rob había sido trasladado a una casa de acogida. Al ser un perro de avanzada edad vieron conveniente que pasara sus últimos días en una casa y no en una jaula. Sin embargo, Bombón, el que había visto mi chico en la web, estaba allí. Era un perro alegre, sociable y juguetón. Y al igual que todos los que había allí, su historia era de lo más triste. Yo no entendía como después de haber sido abandonado dos veces, seguía siendo un perro tan activo y sociable. Confiando en la experiencia de mi amiga Amparo, nos recomendó, aparte de a Bombón, unos cuantos más y los sacó a la zona de recreo para poder jugar con ellos. En la misma jaula que Bombón estaban Atreyu, Blanca y Leji, pero también tuvimos ocasión de conocer a Ágora y a Wolf.



Tanto Atreyu como Leji eran dos cachorros que, al igual que Bombón, enseguida se pusieron a jugar como locos, a morder y a corretear detrás nuestra. Sin embargo, Blanca, una perra de color negro y mirada aterrada nos miraba recostada desde la sombra. Nos comentaron que era una perra que tenía miedo a todo el mundo, que era extremadamente tímida y que era difícil acercarse a ella. Yo intenté acercarme a ella pero me rehuía y me miraba con desconfianza. Sin embargo, a raíz de los juegos de sus compañeros, tuvo curiosidad y se acercó de tal manera que ninguno la vimos cuando de pronto se puso a dos patas para mordisquearle la oreja a mi novio.

Él, inmovilizado en cada mano por Bombón y Leji, me pidió auxilio pensando que era Atreyu. Yo no daba crédito, y Amparo mucho menos. Como ella bien dijo, nosotros no la elegimos a ella, fue ella quien nos eligió a nosotros. Y tras aquello, tan sólo nos quedaba la dura decisión de reservar a Bombón o a Blanca. Bombón seguía siendo el favorito de mi chico, pero la actitud de Blanca le hizo ganárselo, y yo no tenía más ojos que para ella. Así que sopesamos la idea de adoptar a ambos. Organizamos lo que podría ser y lo que conlleva tener dos en lugar de uno, lo hablamos y no teníamos corazón para separarlos. Nos hubiéramos llevado a los cuatro, pero antes o después Atreyu y Leji serían muy grandes, y 4 perros en 50 metros cuadrados era una locura total y absoluta. Mayor que la que estábamos a punto de cometer.

Ese día nos marchamos de Asoka con un nudo en el estómago pensando en que pasarían otra noche allí, en el albergue, preocupados por si llovía, si hacía frío o si les atacaban o si se escapaban. No fuimos capaces de esperar. Teníamos compromisos familiares, iba a ser de lo más repentino, pero la idea de verlos dormir en una jaula a imaginarlos dormir en unas colchonetas a nuestros pies de la cama nos pudo. Al día siguiente de conocerlos firmamos el contrato y nos los llevamos. A Bombón mi pareja le cambió el nombre por London en un intento de convencerme de que era el mejor, pero el terror que tenía Blanca sacaba mi vena protectora. Dos días después volvíamos a Madrid, y ellos dos se vendrían con nosotros sí o sí. O los dos o ninguno.


El viaje fue toda una aventura, más por los nervios que llevábamos nosotros que ellos mismos, que fue subirse al coche y ponerse a dormir a pata suelta. Siempre estaremos agradecidos a los amigos que nos ayudaron con la mudanza y que se limitaron a llamarnos mentalmente de todo menos guapos cuando vieron que volvíamos con dos perros a Madrid. La llegada al piso fue montar la cama y limitarnos a observarles cotillear por la casa, aún vacía, correteando, jugando entre ellos. Y nosotros tirados en el suelo con ellos todo el rato encima, acariciándoles, porque desde el primer momento, exigían mimos a todas horas. En cuanto estábamos a la altura, se quedaban en nuestro regazo y de ahí no se movían. Incluso cuando nos sentábamos a comer, notábamos que se recostaban bajo la mesa y apoyaban sus hocicos en nuestros pies. Necesitaban estar en contacto constantemente. No sabíamos cómo habían sido sus otras vidas con sus otros dueños, pero necesitaban afecto y así lo pedían.

Blanca
Y de eso hace ya tres años, que se dice pronto. Bombón/London sigue siendo un bicho inquieto siempre dispuesto a jugar, pero algo más centrado desde que mi hermana adoptó a otra asokete, Reina (ahora Lara) una perra más inquieta que él y que ha sido la causante de que fuera más centrado y obediente. Mientras que Blanca, que antes tenía miedo a humanos, animales y ruidos, y que al principio más de una vez se nos escapó por pánico, ahora es de lo más sociable y amistosa, tan sólo nos queda la tara del pánico a los niños pequeños y la preocupación que conlleva la leishmania que tiene y que le está causando actualmente una anemia, pero ella sigue corriendo y jugando, y se toma la medicación como si fueran golosinas, así que esperamos que pronto vuelva a estar sana.


London (antes Bombón)
La mayoría de gente que les conoce se quedan sorprendidos de lo bien que se comportan, pues ya han aprendido algunas órdenes básicas y suelen ser tranquilos. London es quizás el más dependiente de los dos,  se vuelve loco cuando llegamos del trabajo y se convierte en tu sombra durante la primera hora. Blanca es más de ir a su bola y si ese día no le apetece hacerte fiestas cuando llegas a casa, se limita a mirarte de reojo y moverte la cola a cámara lenta.


Somos de los que pensamos que un perro se comporta de una manera u otra según le eduques, no hay perro malo, hay perros enfermos que por su enfermedad atacan, y hay perros maleducados. Cierto es que somos unas personas muy tranquilas y quizá por eso ellos se comporten de igual manera, pero por ejemplo, que London te traiga la pelota para que sigas jugando o que Blanca no tire de la correa en los paseos son cosas que ya hacían nada más adoptarlos, así que por detalles como esos estamos inmensamente agradecidos a la gente de Asoka, porque cuando adoptas a uno del albergue y ves que no es que sólo los hayan cuidado y alimentado, sino que también se dedican a educarles y a enseñarles "trucos", se merecen todo nuestro agradecimiento.


Lara, Blanca y London en plena siesta veraniega