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Redes (anti)sociales

Hoy era el día. Testigo como había sido estos últimos meses, esperaba la confabulación del destino, como el espectador que mantiene la esperanza de que habrá un final feliz en la película. Hoy los astros parecían sonreírles, y yo no podía esperar a volver a verles, a los protagonistas de una historia digna de telenovela. Quizás estudiaban en el mismo instituto, quizá sólo se conocían del metro. Siempre sentados en el mismo vagón, siempre las miradas de ella en él, y él, ajeno a lo que le rodeaba, ajeno a aquella muchacha que le miraba de forma especial, que se ruborizaba cuando él entraba al metro y tan parada que el paso del tiempo le había dado la valentía justa y necesaria para tan sólo sentarse más cerca. Desde el primer momento que me percaté de lo que sucedía, ella jamás le había hablado ni una sola vez. Siempre a distancia, siempre observando. Era triste ver que él nunca lo llegaría a saber. Pero hoy era distinto. En casa comprobé la noticia antes de salir, ya era viral...

Parte XX

Continuación de Inacabado Llegamos a otro hotel de carretera, no tan moderno como el de la noche anterior, pero ya me daba igual. Mis huesos se morían por una cama bien mullida, tantas horas de viaje empezaban a tener sus consecuencias en mi cuerpo, y me dolía todo. Me arrastré hasta la habitación y directamente me dejé caer sobre el colchón. Bree aparcó la maleta en el hueco entre la pared y el mueble bar, se sentó en un sillón, encendió el televisor y cambió los canales en busca de música. Una rítmica pero suave melodía totalmente desconocida envolvió la habitación dándole un sonido relajante, típico de un anuncio en una isla paradisíaca. “Es música estilo chill out”, me contestó Bree cuando le pregunté qué era eso. Justo lo que necesitaba para dormir. Pero no sentía sueño. Estaba despejada, cansada y dolorida. Me giré y permanecí mirando el blanquecino techo de la habitación. Bree bostezó. Miré la hora, era tarde, así que supuse que ella sí estaría somnolienta. Me levanté al m...

Microrrelatos Instagram I

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Con esto de participar cada año en el concurso de relatos breves (brevísimos) de Renfe, empecé a practicar más asiduamente el intentar escribir en corto. Y tras mucha lectura, me puse a ello. Iba escribiendo en el móvil hasta que un día descubrí un blog con fotos de Madrid que ilustraban relatos. Me pareció una manera amena de hacerlos, y lo imité a través del Instagram (luego descubrí que más gente lo hacía). Pero como con esto de las nuevas tecnologías corres más peligro de perder el trabajo que si lo escribieras una libreta, pues lo he guardado ya en veinte mil sitios, y en este blog no podía faltar. Algunos son pura bazofia que yo quitaría, pero a lo mejor dentro de unos años los releo y les doy una vuelta de tuerca para mejorarlos, quién sabe. Otros tienen de breve nada, o casi nada, pero no quedaron tan mal. La mayoría de las fotos las hice en el momento de redactar el relato, porque fueron cosas que los inspiraron. Otras sin embargo, como la de salida de emergencia o ...

Huir

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intr. y prnl. Marcharse rápidamente de un lugar para evitar un daño o peligro. · intr. y tr. Apartarse de alguien o evitar algo molesto perjudicial. Desaparecer era su objetivo. Pero el tren no estaba por la labor. Acurrucada en una incómoda silla de la estación, se calaba la gorra al mismo tiempo que observaba a un lado y a otro desde detrás de aquellas gafas de sol. No llamaba la atención, hacía un sol nauseabundo. No era fugarse. Nadie sabía que se iba, nadie se daría cuenta hasta pasado un tiempo, pero tampoco iban a buscarle. Sólo quería no dar explicaciones si alguien la reconocía en aquella sala de espera. Era triste, no preguntarían por ella tras unos días. Y en todo caso, sería él. Lo que quería era escapar. ¿Pero de qué? De él. Del que le rompía el corazón una y otra vez. En el que confió ciegamente y por el que cayó. De boca, contra el suelo. Del cielo al infierno en cero coma. Y sin frenos. Ése es el poder que le dio, y que él supo utilizar. Esquivó una...

Miércoles de Ceniza

Se conocieron cuando tenían 15, era un miércoles de ceniza y él se declaró con una rosa. Daniel era así de dulce y romántico. Elvira, infantil y fantasiosa, cayó en sus brazos sin dudarlo. Pensaron que los cuentos de hadas existían y los hicieron realidad. A los 20 decidieron vivir juntos, demasiado pronto decía la gente. Pero estaban enamorados, el resto ¿qué importaba? Primeros años, todo iba bien. Apenas se veían pero compartían breves momentos inolvidables, y cada miércoles Daniel le traía una rosa del jardín de la universidad. Los estudios acabaron, empezó la ardua tarea de encontrar trabajo. Recorrieron juntos la ciudad, probando suerte en todos lados hasta que al final, primero Elvira y y luego Daniel, les tocó. Cada mañana se levantaban juntos, y a la noche uno esperaba al otro para cenar, acompañados por una rosa nueva cada mitad de semana. Pero los años acarreaban arrugas, facturas, responsabilidades. Elvira no quería crecer y Daniel estaba demasiado ocupado cua...

"Ya, pero ¿y si me sale bien?"

Hace un tiempo en el muro del Facebook de una amiga vi que había puesto el enlace a un vídeo con el título  "¿Te atreves a soñar?"  . Son de esas cosas que te pones a ver porque no tienes nada mejor que hacer, y al final acabas dándole vueltas al coco acerca de lo que acabas de descubrir. En este caso estuve totalmente de acuerdo con el vídeo, y sigo estándolo. Empezando por lo del cuento de la lechera, que siendo tan pequeña cuando lo leí por primera vez me deprimió, y mucho. ¿En eso consistían los sueños? ¿Eso mismo iba a pasarles a los míos, iban a terminar rompiéndose contra el suelo? Pero antes de que pudieran hacerlo, ya los estampé yo contra el suelo y los deseché. Años más tarde, en el instituto mi mentalidad cambió y decidí también cambiar mi modo de ver las cosas, a hacer las cosas que me gustaban en ese exacto momento, sin pensar en el futuro que tanto me asustaba. Así pues me apliqué bien en los estudios, descubriendo que algunas cosas, como la literatura, el...

Sentidos - relato Renfe 2014

Hace algún tiempo ya dije que lo pondría, esperando el fallo del jurado pues no admiten microrrelatos publicados (o eso dicen). SENTIDOS Cada amanecer buscaba la cabellera pelirroja en la parada de Pozuelo. Su perfume de rosas le embriagaba nada más aproximarse. Durante el trayecto espiaba sus grandes ojos azules, sus suaves pómulos, el hoyuelo cuando sonreía… ¡Ay, su sonrisa! ¡Qué diera por oírla reír! Hasta que ella se giró, y le habló. Él movió los labios sin saber cómo explicarse. Ella sonrió de nuevo: - Me llamo Diana y soy profesora de educación especial. ¿Cómo te llamas? – le preguntó a través de las manos. ¿De dónde surgió la idea de hacer un relato así? Porque pensé que sería original tratar otro tipo de discapacidad que no fuera ir en sillas de ruedas o invidente, casos que suelen darse en este concurso. Y las historias románticas siempre me han gustado más que hacer una crítica social, la cual tampoco tiene mucha cabida en este certamen. ...