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El después de la segunda cita

–¡No le aguanto, es que no le aguanto! De todos los tíos que existen, yo que trabajo rodeada de tíos macizos, que no me quitan ojo de encima, que si quisiera podría irme con cualquiera, ¡me he tenido que ir a fijar en ese zopenco! El portazo hizo retumbar las paredes del diminuto piso. Era difícil agotar la paciencia de Sharon, pero aquel hombre lo había conseguido. Lanzó el bolso y la cazadora de cuero contra el sofá que se balanceó débilmente. La sarta de improperios y maldiciones sonaban a mayor volumen con el eco del pasillo. En el dormitorio cambió la minifalda y una camiseta negra ajustada, por los pantalones anchos del chándal y un top deportivo. Necesitaba ir al gimnasio a darle al saco de boxeo. –Quizá podría ponerle una fotografía al saco y así darle con más ganas. Luego pensó que los ingresos del centro cívico no daban para un saco nuevo, y descartó la idea. Antes de salir vio su reflejo. El pelo alborotado, la respiración acelerada, y la vena de la frente pal...

Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana

Gente, gente y más gente. Miradas que la observaban con pena, manos que le daban el pésame, y ella parada allí, inerte, vacía, anestesiada. Tan sólo habían transcurrido unas horas del sepelio de sus padres, y su casa se había llenado de desconocidos yendo y viniendo, hablando en susurros. Pensarían que no les veía señalarla mientras cuchicheaban. Poco le importaba en aquel momento, y continuó recibiendo condolencias. - Vete a comer algo, Annie. -Le dijo su tío Adam. Se acercó a la mesa donde habían dispuestos diferentes platos y tras observarlos, decidió que no tenía hambre. Miró a Adam organizando y saludando a todo el mundo. Decía que ella había pasado muchos veranos de pequeña en su casa en Oregón. No recordaba nada, era un completo desconocido, pero debía reconocer que se estaba preocupando por ella y que había supuesto un alivio tenerle para ocuparse de todo. Deambuló por la planta de la casa, cruzándose con gente que no había visto nunca. ¿De verdad sus padres habían tenid...

Noche negra

Para cuando la policía llegó al sitio del crimen, no muy lejos de allí sino a unas pocas manzanas, Sharon, alias Shadowmoon, estaba dejando inconscientes y maniatados a los dos asesinos, dando un segundo aviso a la policía para que fuera a recogerlos. Acto seguido corrió hacia el hospital para comprobar el estado de Anne. Preguntó por ella en recepción y le indicaron que estaban interviniéndola pues había entrado en muy mal estado. El golpe contra la pared al empujarla Sandy le había causado una herida muy fea en la cabeza. Una enfermera le indicó la sala de espera tras pedirle los datos de la malherida. No podía quedarse, así que se dio media vuelta y volvió a las calles. ¿Quién sabe cuántas personas más estaban siendo atracadas, o peor, en aquel momento? Pero ella no podía salvar a todo el mundo. Aquella noche lo aprendió. Sharon se encontraba persiguiendo la pista de un narcotraficante que le había llevado a un grupo de jóvenes que se encargaban de distribuir la droga por los...

Mientras, en un universo paralelo...

La lluvia caía sin cesar. Una semana sin parar de llover, con atardeceres grises, sin rastro del sol por ninguna parte. De la nieve más densa se había pasado a la lluvia más abundante. Y el hombre del tiempo, como la voz en off de alguna película antigua, anunciaba de nuevo nieve para la semana siguiente. "¿Es que nunca iba a llegar el buen tiempo de la primavera?", se preguntaba Anne mirando las gotas que empapaban el ventanal de su piso. Pensó en el verano que ya quedaba tan lejano, un sol brillante, calor que le calentaba la piel y hacía salir sus graciosas pecas que tanta gracia le hacían a Henry, y a ella no. "Te dan un toque muy infantil", se burlaba él. Había conocido a Henry en una fiesta benéfica organizada por una ONG donde tanto su bufete como la Casa Blanca participaban. Ya habían coincidido antes en los tribunales, donde todos los abogados se conocen entre sí. Era una ciudad pequeña para tanto abogado. Henry Gyrich a primera vista era un hombre ser...