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Mostrando las entradas etiquetadas como Londres

Silent Night - Damien Rice

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Las luces que colgaban de los edificios iluminaban más que las propias farolas. Me pregunté si a la gente que trabajara dentro de ellos les molestaría tanto como a mí. Y no sólo los edificios, la calle por la que estaba andando estaba coronada por una superpoblación de bolas blancas luminosas que no sabía muy bien qué significado tenían. ¿Bolas de nieve? ¿Lunas como la luna llena de aquella noche?Y las calles colindantes, pocas de ellas estaban sin adornos, lo cual las hacía más oscuras. Y luego, la multitud. Una acera tan ancha y tan poco espacio. Con mi bufanda cubriéndome medio rostro, apretando el abrigo como si con ello pudiera evitar que el aire helado pudiera colarse por debajo de mi vestido, iba esquivando al resto de peatones y a sus bolsas. Algunos sonreían, cargados con bolsas en tonos azules y rojos y blancos, mientras hablaban por sus móviles sin importarles que iban golpeando a los que no íbamos como esa armadura de regalos envueltos. Otros, con cara supongo que c...

El paquete reversionado - final 2

John observaba a la muchacha a distancia. La lluvia caía como siempre hacia abajo, fina y constante, sin principio perceptible ni fin a corto plazo. Era una lluvia débil, nada que ver con aquellos diluvios amazónicos donde todo es frescor. Esta lluvia era la de aquí, igual de gris que la Torre que se veía desde la gran cristalera de la cafetería, y desde aquella barra también gris que no había manera de limpiar. Siempre grasienta, siempre resbaladiza. Como los adoquines de la calle cuando John terminó su turno, obligado a patinar sobre ellos hasta la parada del autobús en el otro lado del puente. Andaba lento pero seguro, las superficies de los ladrillos parecían piedras de río entre las que corría el agua, piedras negras, redondas y lisas con espacio suficiente para hacerse un esguince de tobillo, o peor. John se caló su gorro y subió la cremallera de la gabardina al máximo, cubriendo la boca. El agua entre los adoquines era como la lluvia, parecía desplazarse muy lenta, cuesta abajo...

El Paquete reversionado - final 1

John observaba a la muchacha a distancia. La lluvia caía como siempre hacia abajo, fina y constante, sin principio perceptible ni fin a corto plazo. Era una lluvia débil, nada que ver con aquellos diluvios amazónicos donde todo es frescor. Esta lluvia era la de aquí, igual de gris que la Torre que se veía desde la gran cristalera de la cafetería, y desde aquella barra también gris que no había manera de limpiar. Siempre grasienta, siempre resbaladiza. Como los adoquines de la calle cuando John terminó su turno, obligado a patinar sobre ellos hasta la parada del autobús en el otro lado del puente. Andaba lento pero seguro, las superficies de los ladrillos parecían piedras de río entre las que corría el agua, piedras negras, redondas y lisas con espacio suficiente para hacerse un esguince de tobillo, o peor. John se caló su gorro y subió la cremallera de la gabardina al máximo, cubriendo la boca. El agua entre los adoquines era como la lluvia, parecía desplazarse muy lenta, cuesta abajo...

"Ya, pero ¿y si me sale bien?"

Hace un tiempo en el muro del Facebook de una amiga vi que había puesto el enlace a un vídeo con el título  "¿Te atreves a soñar?"  . Son de esas cosas que te pones a ver porque no tienes nada mejor que hacer, y al final acabas dándole vueltas al coco acerca de lo que acabas de descubrir. En este caso estuve totalmente de acuerdo con el vídeo, y sigo estándolo. Empezando por lo del cuento de la lechera, que siendo tan pequeña cuando lo leí por primera vez me deprimió, y mucho. ¿En eso consistían los sueños? ¿Eso mismo iba a pasarles a los míos, iban a terminar rompiéndose contra el suelo? Pero antes de que pudieran hacerlo, ya los estampé yo contra el suelo y los deseché. Años más tarde, en el instituto mi mentalidad cambió y decidí también cambiar mi modo de ver las cosas, a hacer las cosas que me gustaban en ese exacto momento, sin pensar en el futuro que tanto me asustaba. Así pues me apliqué bien en los estudios, descubriendo que algunas cosas, como la literatura, el...

LHR

Primera parte Esperar las maletas, hacer fila para mostrar el pasaporte, coger un taxi al hotel de siempre. Desde que Giacomo aceptó ese ascenso ésa era su rutina, iba y venía, siempre a caballo entre Roma y Londres. Por suerte la empresa lo pagaba todo, y el sueldo era bastante bueno. Ya conocía tan bien Londres que el viaje significaba nada, como quien coge un automóvil para ir al puesto de trabajo cada día. Llegó al hotel y en la habitación deshizo la maleta: caros trajes que necesitarían un planchado, un neceser con lo indispensable y unos zapatos relucientes. Y por supuesto, papeles y más papeles de proyectos, tareas, guiones para los briefings, algunas ideas que habían surgido en el vuelo... Solía llevar una pequeña libreta, no confiaba en la tecnología de secretarias electrónicas y demás modernidades. Su agenda clásica de hojas amarillentas no le fallaba, nunca se había quedado sin batería ni requería de complicadas actualizaciones de hardware y software que luego ocup...

El paquete

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La lluvia descendía a plomo cuando salió del trabajo. De los árboles caían las últimas hojas del otoño, anunciando la llegada del invierno. Se subió el cuello de la gabardina y se encasquetó su gorro de lana. La cafetería se encontraba junto al río y el frío que le helaba los huesos era el de todos los días. Turistas equipados con impermeables de colores horribles llamaban la atención en aquel día grisáceo. Hacían fotos a diestro y siniestro y decían algo que él no entendía. Era su clientela habitual, hacerse entender con ellos a veces era una aventura. Sin embargo,mientras caminaba hacia el puente,distinguió una figura femenina sentada en un banco. Permanecía muy quieta, mirando fijamente el río. Apenas llevaba un abrigo y el agua resbalaba por sus cabellos. Debía de estar pasando mucho frío a saber por el temblor de su barbilla. Sujetaba algo en las manos, un objeto cuadrado sobre el que pasaba su mano de vez en cuando, como si no se diera cuenta. Él siguió caminando hacia e...

Parte VI

Balance del día: la lluvia me ha solucionado el día que había empezado tan mal, con mareos al borde del desmayo (una GRAN y repentina falta de hierro es lo que tiene), la contabilidad de todo el trimestre esperándome en el despacho, y sola ante el peligro en la oficina. La tarde ha empezado oscura, negra como el tizón, mi jefe que me dice que cerramos ya (y sólo son las 6 y media!), y mientras me lleva a casa (en coche!) me dice que seguramente ya tengan a alguien a quien empezar a amaestrar (esta misma semana!). Llego a casa, con el sms de Rome: "tengo algo que contarte". La despedida de soltera ya está en marcha! Noviembre en Londres, el año que viene en Zaragoza, vuelvo atrás en el tiempo, pero mejor!!! Después de saltar del acantilado, no sé qué ocurrió. Lejanamente recuerdo que caí al agua, pero no sabía si estaba fría, si floté o me hundí. En un principio supuse que lo segundo, porque después de notar el contacto con el agua, lo siguiente que recuerdo es una oscuridad...