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Mostrando las entradas etiquetadas como viajes

Silent Night - Damien Rice

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Las luces que colgaban de los edificios iluminaban más que las propias farolas. Me pregunté si a la gente que trabajara dentro de ellos les molestaría tanto como a mí. Y no sólo los edificios, la calle por la que estaba andando estaba coronada por una superpoblación de bolas blancas luminosas que no sabía muy bien qué significado tenían. ¿Bolas de nieve? ¿Lunas como la luna llena de aquella noche?Y las calles colindantes, pocas de ellas estaban sin adornos, lo cual las hacía más oscuras. Y luego, la multitud. Una acera tan ancha y tan poco espacio. Con mi bufanda cubriéndome medio rostro, apretando el abrigo como si con ello pudiera evitar que el aire helado pudiera colarse por debajo de mi vestido, iba esquivando al resto de peatones y a sus bolsas. Algunos sonreían, cargados con bolsas en tonos azules y rojos y blancos, mientras hablaban por sus móviles sin importarles que iban golpeando a los que no íbamos como esa armadura de regalos envueltos. Otros, con cara supongo que c...

De camino

Se colocó los cascos conectados a la música del móvil, entró al vagón de metro, buscó un asiento desocupado y lo encontró junto a aquella mujer de tez amarillenta. Las arrugas habían conquistado su rostro, que ni a pesar del tenso moño canoso conseguiría jamás volver a ser como la piel de un melocotón. Cuando se sentó, de reojo vio su vestimenta, un vestido negro muy recatado, con apenas unos pequeños volantes en los puños. "Parece sacada de La Casa De Bernarda Alba", pensó. De su bolso extrajo el libro electrónico y fue absorbida por la lectura mientras las estaciones iban pasando. Al llegar a Tribunal, alguien le dio unos toquecitos en el hombro. Bajó sus cascos al cuello volviéndose hacia el que interrumpía, un extranjero fornido de unos cuarenta años, de pelo blanco y semblante severo, que apretaba los labios y la miraba impaciente esperando algo. Ella le preguntó con la mirada qué necesitaba. Él, con acento no supo si ruso o alemán, le pidió permiso para sentarse. Se le...

Parte XX

Continuación de Inacabado Llegamos a otro hotel de carretera, no tan moderno como el de la noche anterior, pero ya me daba igual. Mis huesos se morían por una cama bien mullida, tantas horas de viaje empezaban a tener sus consecuencias en mi cuerpo, y me dolía todo. Me arrastré hasta la habitación y directamente me dejé caer sobre el colchón. Bree aparcó la maleta en el hueco entre la pared y el mueble bar, se sentó en un sillón, encendió el televisor y cambió los canales en busca de música. Una rítmica pero suave melodía totalmente desconocida envolvió la habitación dándole un sonido relajante, típico de un anuncio en una isla paradisíaca. “Es música estilo chill out”, me contestó Bree cuando le pregunté qué era eso. Justo lo que necesitaba para dormir. Pero no sentía sueño. Estaba despejada, cansada y dolorida. Me giré y permanecí mirando el blanquecino techo de la habitación. Bree bostezó. Miré la hora, era tarde, así que supuse que ella sí estaría somnolienta. Me levanté al m...

Huir

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intr. y prnl. Marcharse rápidamente de un lugar para evitar un daño o peligro. · intr. y tr. Apartarse de alguien o evitar algo molesto perjudicial. Desaparecer era su objetivo. Pero el tren no estaba por la labor. Acurrucada en una incómoda silla de la estación, se calaba la gorra al mismo tiempo que observaba a un lado y a otro desde detrás de aquellas gafas de sol. No llamaba la atención, hacía un sol nauseabundo. No era fugarse. Nadie sabía que se iba, nadie se daría cuenta hasta pasado un tiempo, pero tampoco iban a buscarle. Sólo quería no dar explicaciones si alguien la reconocía en aquella sala de espera. Era triste, no preguntarían por ella tras unos días. Y en todo caso, sería él. Lo que quería era escapar. ¿Pero de qué? De él. Del que le rompía el corazón una y otra vez. En el que confió ciegamente y por el que cayó. De boca, contra el suelo. Del cielo al infierno en cero coma. Y sin frenos. Ése es el poder que le dio, y que él supo utilizar. Esquivó una...

"Ya, pero ¿y si me sale bien?"

Hace un tiempo en el muro del Facebook de una amiga vi que había puesto el enlace a un vídeo con el título  "¿Te atreves a soñar?"  . Son de esas cosas que te pones a ver porque no tienes nada mejor que hacer, y al final acabas dándole vueltas al coco acerca de lo que acabas de descubrir. En este caso estuve totalmente de acuerdo con el vídeo, y sigo estándolo. Empezando por lo del cuento de la lechera, que siendo tan pequeña cuando lo leí por primera vez me deprimió, y mucho. ¿En eso consistían los sueños? ¿Eso mismo iba a pasarles a los míos, iban a terminar rompiéndose contra el suelo? Pero antes de que pudieran hacerlo, ya los estampé yo contra el suelo y los deseché. Años más tarde, en el instituto mi mentalidad cambió y decidí también cambiar mi modo de ver las cosas, a hacer las cosas que me gustaban en ese exacto momento, sin pensar en el futuro que tanto me asustaba. Así pues me apliqué bien en los estudios, descubriendo que algunas cosas, como la literatura, el...

Sentidos - relato Renfe 2014

Hace algún tiempo ya dije que lo pondría, esperando el fallo del jurado pues no admiten microrrelatos publicados (o eso dicen). SENTIDOS Cada amanecer buscaba la cabellera pelirroja en la parada de Pozuelo. Su perfume de rosas le embriagaba nada más aproximarse. Durante el trayecto espiaba sus grandes ojos azules, sus suaves pómulos, el hoyuelo cuando sonreía… ¡Ay, su sonrisa! ¡Qué diera por oírla reír! Hasta que ella se giró, y le habló. Él movió los labios sin saber cómo explicarse. Ella sonrió de nuevo: - Me llamo Diana y soy profesora de educación especial. ¿Cómo te llamas? – le preguntó a través de las manos. ¿De dónde surgió la idea de hacer un relato así? Porque pensé que sería original tratar otro tipo de discapacidad que no fuera ir en sillas de ruedas o invidente, casos que suelen darse en este concurso. Y las historias románticas siempre me han gustado más que hacer una crítica social, la cual tampoco tiene mucha cabida en este certamen. ...

Rescatando relatos

Llevo participando en el concurso de Renfe... Ni recuerdo. Sin suerte alguna, pero yo sigo intentándolo año tras año. Este año he preparado uno distinto, que ya pondré aquí, pero buceando entre archivos olvidados de mi ordenador, di con los que presenté los años anteriores. "Apagón" siempre será de mis relatos favoritos, no tanto como "Mariposa" pero se acerca, y para que me guste alguno... Seguiré buscando a ver si encuentro los más antiguos. APAGÓN (2013) Cercanías dirección Chamartín. Me siento donde sea. Veo las mismas caras de siempre. Empiezo a leer un periódico gratuito que alguien abandonó. El tren se introduce en la negrura de los túneles. “Próxima parada: Recole…”. El tren pierde velocidad, las luces parpadean. El vagón queda a oscuras. Oigo murmullos, quejas, gente moviéndose. Unos zapatos ligeros andando. Unos labios húmedos uniéndose a los míos en un beso breve pero pasional. Los zapatos de tacón se alejan. La luz vuelve. Retomamos el ...

Línea 149

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No sé qué me llamó la atención de ti, quizás en un primer momento el darme cuenta de que coincidíamos en nuestra rutina buseril en direcciones opuestas. De lunes a viernes a la misma hora en el mismo autobús, tú para ir a trabajar, yo para volver a casa. Curiosa imaginación que rellena los vacíos de información. Eras profesor porque llevabas chaqueta con coderas y numerosos libros de 6º, y esas gafas de pasta que sólo usabas para leer. Y eras además profesor nativo, porque eras demasiado rubio y pálido para ser español, porque ningún profesor español que yo conociera llevaba media melena, y porque aunque no te había oído hablar nunca, si leías alguna novela siempre era en inglés. Y los modales. Te sentabas siempre en la ventana, en la marcha contraria al autobús porque como cabía esperar, había menos posibilidades de que alguien se sentara a tu lado. Pero cuando lo hacían, yo notaba tu mueca de disconformidad. Y tú, con una sonrisa falsa, apartabas tus libros para que pudieran...

LHR

Primera parte Esperar las maletas, hacer fila para mostrar el pasaporte, coger un taxi al hotel de siempre. Desde que Giacomo aceptó ese ascenso ésa era su rutina, iba y venía, siempre a caballo entre Roma y Londres. Por suerte la empresa lo pagaba todo, y el sueldo era bastante bueno. Ya conocía tan bien Londres que el viaje significaba nada, como quien coge un automóvil para ir al puesto de trabajo cada día. Llegó al hotel y en la habitación deshizo la maleta: caros trajes que necesitarían un planchado, un neceser con lo indispensable y unos zapatos relucientes. Y por supuesto, papeles y más papeles de proyectos, tareas, guiones para los briefings, algunas ideas que habían surgido en el vuelo... Solía llevar una pequeña libreta, no confiaba en la tecnología de secretarias electrónicas y demás modernidades. Su agenda clásica de hojas amarillentas no le fallaba, nunca se había quedado sin batería ni requería de complicadas actualizaciones de hardware y software que luego ocup...

Parte XIX

Llevo más de un año sin continuar posteando el relato. Empecé a escribirlo hace... 7 años ya. Y a fecha de hoy no sé si lo acabaré algún día. No recuerdo ya ni cómo surgió la primera idea, supongo que se me ocurriría tras alguna película o escuchar alguna canción. Era la época en que descubrí a Budapest, así que seguramente fue aquello. De todas maneras, y dado que entre cada capítulo pueden pasar muchos días, los he unificado todos bajo la etiqueta "Inacabado"  para que sea más fácil la continuidad. Es difícil terminar un relato cuando ves que se alarga, y se alarga, y ves definido el desenlace pero el nudo resulta más complejo de lo que esperabas. Anyway , ahí va otro capítulo/parte/fragmento/lo que sea. Como siempre, correcciones, opiniones, consejos, etc. siempre son muy bien recibidos :) Cuando empecé a salir con Chris, sabía muy bien qué arriesgaba. Si las cosas entre los dos salían mal, yo acabaría perdiendo a Alan. No se trataría de algo como si Alan fuese el h...

APAGÓN

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Ya está, tras tanto tiempo mareando la perdiz, por fin he mandado el relato al concurso que organiza Renfe , y este año tras preguntar a los amigos y compañeros por votación (más que nada porque yo no me decido entre todos los que tengo y siempre viene bien puntos de vista diferentes y críticas constructivas), he presentado el siguiente: APAGÓN Cercanías dirección Chamartín. Me siento donde sea. Veo las mismas caras de siempre. Empiezo a leer un periódico gratuito que alguien abandonó. El tren se introduce en la negrura de los túneles. “Próxima parada: Recole…”. El tren pierde velocidad, las luces parpadean. El vagón queda a oscuras. Oigo murmullos, quejas, gente moviéndose. Unos zapatos ligeros andando. Unos labios húmedos uniéndose a los míos en un beso breve pero pasional. Los zapatos de tacón se alejan. La luz vuelve. Retomamos el trayecto mientras observo al resto de pasajeros. Sonrío y busco en vano.

Sin billete de vuelta

Renfe Cercanías, desde hace 5 años, convoca un concurso de microrrelatos. Las bases son sencillas: no más de 99 palabras (incluído título) y temática sobre el viaje, el movimiento, el desplazamiento hacia otro lugar (o algo así). Este año ya tenía una idea bastante aproximada de qué escribir, pero bueno, por cosas de la vida, decidí escribir sobre otro tema: Abrió los ojos y miró en rededor, asustado. Un traqueteo repiqueteando bajo sus pies. Una ventanilla con una cortina cubriéndola. Un asiento verdoso azulado. Un pastor alemán en el asiento de su izquierda. “¿Nano?”, le llamó. El can le lamió la mano en respuesta, y entonces comprendió. Pensó en lo mucho que iba a añorar a su esposa, ahora viuda. Cada cual tiene su manera de sobreponerse a una tragedia, de sacar esa fortaleza que nos hace seguir para delante. Algunas tragedias no se superan nunca, pero se aprende a vivir con ellas, y son las pequeñas cosas las que ayudan a ello. 3 meses sin ti. Te echo de menos.

Madrid

Un día de verano, con ese calor que se te pega a la piel y te dificulta respirar. Cierran la maleta y suben al coche, en dirección a la estación. El tren como siempre, hasta arriba. Era Agosto, y el Sol caía sin piedad. El tren emprende la marcha con su característico ronroneo, una charla animada entre padre e hija, uno expectante por enseñar, la otra expectante por aprender. En las ventanas, los campos intercambiándose de color, del marrón al amarillo, del amarillo al verde, y más allá, los perfiles grisáceos de las montañas. Carreteras, caballos, casas de campo, puentes sobre ríos, la linda estación de Aranjuez, todo seguía igual que el verano anterior. Unas naves industriales, unas cocheras con el logotipo de Renfe (aquel azul y amarillo, ¿cómo olvidarlo?), y la niña se inquieta al ver en la lejanía la oscura silueta de los edificios que dan la bienvenida al viajero. No es su casa, no es su ciudad, ni siquiera nació allí, no tiene nada que la vincule, a excepción de su joven corazón...

Parte XVIII

Comimos hablando todo lo que no habíamos hablado hasta el momento, acerca del insoportable calor que empezábamos a tener sobre todo, y yo le preguntaba más información acerca de la ciudad a la que nos aproximábamos. Me explicó que era una ciudad donde solía ser soleado sin importar la estación del año, tenía numerosas playas pero nada comparado con mi ciudad, donde las playas apenas eran una franja grisácea junto a los imponentes acantilados que conformaban toda la costa de la provincia. Ansiaba llegar para descubrir ese nuevo lugar, pero hablar de mi ciudad me hacía añorarla más de lo que nunca había imaginado. Pensé en Alan de pronto, al que tanto le había gustado la primera vez que la visitó. Recordé la última vez que lo vi, fue poco después del entierro de Chris, cuando Bree y yo volvimos a casa. Alan vino a recogernos al hotel para llevarnos al aeropuerto. Se intentaba hacer el fuerte conmigo, gastando sus típicas bromas e intentando en vano hacerme reír. Pero podía ver por la exp...

Parte XVII

Desayunamos en el buffet del hotel, aunque yo me encontraba sin apetito alguno, a diferencia de mi hermana, que había hecho una selección de todo lo que había: zumo, fruta, cereales, yogurt, café, huevos, bacon , croissant... Se me revolvía el estómago nada más de verlo. Ella quería obligarme a coger algo más que un vaso de leche, ya que la noche anterior tampoco había probado bocado del sándwich que ella había traído. Pero tenía la garganta taponada, incluso la leche me sabía agria, mientras que Bree se la tomaba como si nada. Supuse que era cosa mía. Entonces se quedó callada, observándome mientras jugueteaba con la cucharilla del café, y automáticamente me puse a la defensiva. Era uno de esos silencios suyos previos a una pregunta incómoda para ambas. Finalmente me preguntó qué me había pasado anoche. No sabía muy bien si se refería al llanto repentino nada más entrar en la habitación, o al hecho de haberme pasado la noche en vela. Al ver que yo no respondía, me hizo saber que ella ...

Parte XVI

Aunque las cosas entre ellos no marchaban tan bien como parecía en mi mundo onírico. Monique, cada vez más disgustada porque su novio pasaba más tiempo conmigo que con ella, comenzó a reprochárselo sin ningún tapujo, tal y como pude comprobar un día cuando fui a su casa. Cuando me abrieron la puerta, Alan me saludó con una mano al mismo tiempo que andaba escuchando música en sus auriculares a bastante volumen. Luego adiviné que pretendía no oír los gritos de Monique , la cual estaba histérica, recriminándole a Chris que estaba demasiado unido a mí. Como cualquier mortal, fue escuchar mi nombre y no pude evitar seguir la discusión. Chris Y Monique se enzarzaron en una riña donde ella vociferaba una sarta de culpas hacia Chris a la vez que él se excusaba con múltiples alegaciones siempre a mi favor. Monique le rebatía todo el tiempo hasta que se cansó y salió por la puerta antes de que pudiera notar mi presencia. Yo me quedé en el sillón, acurrucada como quien espera un chaparrón, sintié...

Parte XV

Luchar. Es lo más preciado que me había enseñado, y yo lo había rechazado cuando salté por aquel acantilado, me había rendido, le había defraudado. De pronto sentí tanta angustia que noté que me faltaba el aire, y me aferré a la barandilla del ascensor, viendo en los espejos que la chica del reflejo se ponía blanca por momentos. Bree, que estaba delante mía, se dio cuenta nada más salir del ascensor, giró para sacar la maleta y cuando vi mi rostro, rápidamente la soltó para asirme de los brazos por miedo a que me desmayara. Con los ojos llenos de preocupación y temor, me preguntó qué me sucedía. Yo me enderecé mostrándole que podía tenerme en pie por mí misma y le dije que no pasaba nada, a la vez que caminaba recto hacia el pasillo en busca de la habitación. Ella me seguía a medio metro por detrás, aún alerta, al más mínimo signo de desvanecimiento que tuviera, estaba segura que saltaría a por mí. Pero yo no podía borrar esos ojos aguamarina de mi mente, y tropezaba con cada mínima ar...