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El sueño

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Otra vez tú, vuelves a entrometerte en mis sueños, reptas en silencio colándote en las rendijas de mi subconsciente, transgiversando el relato onírico representado, haciéndome recordar fantasías antiguas, agridulce nocturno con toque final de ácido rencor por la espera infructuosa. Conozco esa sonrisa. Pero la costra que dejaste ahora es potente coraza. No me controlarás más, los papeles han cambiado. Con mis deseos recupero el control de esta ilusión. El tiempo pasa, y un día conseguiré que desaparezcas.

El último superviviente

Unos amigos y yo hemos cogido una idea de un foro y cada viernes noche, leemos relatos escritos por nosotros. El viernes fue el primer día, un relato bajo el título "El último superviviente", sin más reglas. Para ser la primera noche, no estuvo nada mal y me encantó la experiencia :) Esto fue lo que escribí: Gotas de sudor caían por su frente, resbalando por la piel con ese cosquilleo insoportable. Continuaba andando por la tierra, escalando pequeños montículos, esquivando los cuerpos de sus compañeros, confirmando lo que pensaba: estaba solo. Ya no se oían los gritos, ni los alaridos, ni el ruido de la avanzadilla. Ante él, tan sólo tierra, piedra y campos amarillentos pisoteados, entremezclando semillas esparcidas con cuerpos inertes. Los caminos, destrozados, las murallas, demolidas, y un horizonte que cada vez parecía más lejano. Avanzaba con pies pesados, cargando su peso sobre un bastón que él mismo se había fabricado. Manchas de color purpúreo comenzaban a surgir en ...

Sin billete de vuelta

Renfe Cercanías, desde hace 5 años, convoca un concurso de microrrelatos. Las bases son sencillas: no más de 99 palabras (incluído título) y temática sobre el viaje, el movimiento, el desplazamiento hacia otro lugar (o algo así). Este año ya tenía una idea bastante aproximada de qué escribir, pero bueno, por cosas de la vida, decidí escribir sobre otro tema: Abrió los ojos y miró en rededor, asustado. Un traqueteo repiqueteando bajo sus pies. Una ventanilla con una cortina cubriéndola. Un asiento verdoso azulado. Un pastor alemán en el asiento de su izquierda. “¿Nano?”, le llamó. El can le lamió la mano en respuesta, y entonces comprendió. Pensó en lo mucho que iba a añorar a su esposa, ahora viuda. Cada cual tiene su manera de sobreponerse a una tragedia, de sacar esa fortaleza que nos hace seguir para delante. Algunas tragedias no se superan nunca, pero se aprende a vivir con ellas, y son las pequeñas cosas las que ayudan a ello. 3 meses sin ti. Te echo de menos.

Madrid

Un día de verano, con ese calor que se te pega a la piel y te dificulta respirar. Cierran la maleta y suben al coche, en dirección a la estación. El tren como siempre, hasta arriba. Era Agosto, y el Sol caía sin piedad. El tren emprende la marcha con su característico ronroneo, una charla animada entre padre e hija, uno expectante por enseñar, la otra expectante por aprender. En las ventanas, los campos intercambiándose de color, del marrón al amarillo, del amarillo al verde, y más allá, los perfiles grisáceos de las montañas. Carreteras, caballos, casas de campo, puentes sobre ríos, la linda estación de Aranjuez, todo seguía igual que el verano anterior. Unas naves industriales, unas cocheras con el logotipo de Renfe (aquel azul y amarillo, ¿cómo olvidarlo?), y la niña se inquieta al ver en la lejanía la oscura silueta de los edificios que dan la bienvenida al viajero. No es su casa, no es su ciudad, ni siquiera nació allí, no tiene nada que la vincule, a excepción de su joven corazón...

Parte XVIII

Comimos hablando todo lo que no habíamos hablado hasta el momento, acerca del insoportable calor que empezábamos a tener sobre todo, y yo le preguntaba más información acerca de la ciudad a la que nos aproximábamos. Me explicó que era una ciudad donde solía ser soleado sin importar la estación del año, tenía numerosas playas pero nada comparado con mi ciudad, donde las playas apenas eran una franja grisácea junto a los imponentes acantilados que conformaban toda la costa de la provincia. Ansiaba llegar para descubrir ese nuevo lugar, pero hablar de mi ciudad me hacía añorarla más de lo que nunca había imaginado. Pensé en Alan de pronto, al que tanto le había gustado la primera vez que la visitó. Recordé la última vez que lo vi, fue poco después del entierro de Chris, cuando Bree y yo volvimos a casa. Alan vino a recogernos al hotel para llevarnos al aeropuerto. Se intentaba hacer el fuerte conmigo, gastando sus típicas bromas e intentando en vano hacerme reír. Pero podía ver por la exp...

Parte XVII

Desayunamos en el buffet del hotel, aunque yo me encontraba sin apetito alguno, a diferencia de mi hermana, que había hecho una selección de todo lo que había: zumo, fruta, cereales, yogurt, café, huevos, bacon , croissant... Se me revolvía el estómago nada más de verlo. Ella quería obligarme a coger algo más que un vaso de leche, ya que la noche anterior tampoco había probado bocado del sándwich que ella había traído. Pero tenía la garganta taponada, incluso la leche me sabía agria, mientras que Bree se la tomaba como si nada. Supuse que era cosa mía. Entonces se quedó callada, observándome mientras jugueteaba con la cucharilla del café, y automáticamente me puse a la defensiva. Era uno de esos silencios suyos previos a una pregunta incómoda para ambas. Finalmente me preguntó qué me había pasado anoche. No sabía muy bien si se refería al llanto repentino nada más entrar en la habitación, o al hecho de haberme pasado la noche en vela. Al ver que yo no respondía, me hizo saber que ella ...

Parte XVI

Aunque las cosas entre ellos no marchaban tan bien como parecía en mi mundo onírico. Monique, cada vez más disgustada porque su novio pasaba más tiempo conmigo que con ella, comenzó a reprochárselo sin ningún tapujo, tal y como pude comprobar un día cuando fui a su casa. Cuando me abrieron la puerta, Alan me saludó con una mano al mismo tiempo que andaba escuchando música en sus auriculares a bastante volumen. Luego adiviné que pretendía no oír los gritos de Monique , la cual estaba histérica, recriminándole a Chris que estaba demasiado unido a mí. Como cualquier mortal, fue escuchar mi nombre y no pude evitar seguir la discusión. Chris Y Monique se enzarzaron en una riña donde ella vociferaba una sarta de culpas hacia Chris a la vez que él se excusaba con múltiples alegaciones siempre a mi favor. Monique le rebatía todo el tiempo hasta que se cansó y salió por la puerta antes de que pudiera notar mi presencia. Yo me quedé en el sillón, acurrucada como quien espera un chaparrón, sintié...